martes, 7 de noviembre de 2017
La “posverdad”

Por Verónica ORMACHEA, para SudAméricaHoy

¿Estamos en la era de la posverdad? Desafortunadamente. El neologismo se define como cuando una persona, influenciada por sus sentimientos, interpreta los hechos a su manera y la manipula según sus intereses y conveniencia. Son verdades a medias. Algo muy peligroso.
La posverdad se aplica principalmente en la política con fines propagandísticos. Y el medio más poderoso son las redes sociales que publican un comentario tendencioso que se convierte en viral.
Joseph Goebbels decía: “Miente y miente, algo quedará” o “Una mentira repetida adecuadamente mil veces se convierte en verdad”. Así manipuló Hitler a la Alemania nazi.
A pesar de que Ralf Keyes ya había escrito sobre la posverdad, este concepto empezó a utilizarse de forma notoria, cuando corrió el rumor sobre el lugar de nacimiento de Barack Obama y se dijo que pertenecía a la religión musulmana porque es hijo de un nigeriano. Todo falso. El ex presidente nació en Estados Unidos, no pertenece a la religión musulmana y estaba habilitado para ser candidato. Fue un comentario de mala fe para que la gente no vote por él.
Los casos más emblemáticos son Trump y el Brexit. El presidente estadounidense es el prototipo de la política de la posverdad cuando realiza declaraciones que parecen verdades pero que en realidad no lo son.
Un ejemplo fue cuando dijo que los mexicanos eran narcotraficantes y delincuentes. Falso. Sin duda hay algunos, pero no puede generalizar y desprestigiar a los mexicanos de esa manera tan injusta y cruel. Lo hizo con la clara intención de obtener el voto de los estadounidenses que rechazan a los inmigrantes.
Recordemos que EEUU se ha convertido en un gran país gracias, en parte, a los inmigrantes que hacen los trabajos más duros, aquellos que los estadounidenses evitan hacer.
Varios diarios estadounidenses han comprobado las falsedades dichas por el presidente de Estados Unidos. Según el New York Times, Trump, hasta enero pasado, había dicho 99 mentiras que desgraciadamente quedan allí, flotando. Ese es el peligro. Que la mayoría iletrada le cree, más aún los que votaron por él.
Si bien no es tarea fácil desmentir a un primer mandatario, es obligación de los medios y de las redes sociales hacerlo por ética.
Otro ejemplo fue el Brexit. Para que los británicos voten por su retiro de la Unión Europea, se dijo una serie de falsedades. Un ejemplo fue que los inmigrantes eran los principales causantes de la crisis en el Reino Unido así como que el Servicio Nacional de Salud destinaría mas de 400 millones de euros adicionales por semana.
Los votantes mayores de 60 años, conservadores y los no ilustrados votaron por el Brexit. Un irreparable error histórico.
Otro caso fue el catalán. Los catalanes tenían una información que aseguraban era oficial y el resto de España otra, que también apuntaba como fuentes seguras. A raíz de aquello surgió un debate que sigue siendo agotador y que desafortunadamente ha profundizado la división en España.
Como afirma el filósofo inglés Grayling sobre la posverdad: “Si no estás de acuerdo conmigo, me atacas, no a mis ideas”. Eso ocurrió. Lanzar ideas sin argumentarlas, desprestigia al interlocutor que además demuestra falta de conocimiento y negligencia.
La posverdad se ha puesto tan de moda que fue incluida en el diccionario Oxford y la consideró la palabra más utilizada el 2016. Y, probablemente, sea incluido en el diccionario de la RAE.