martes, 13 de julio de 2021
«Cannes, decepción tras decepción», por Ernesto PÉREZ

Por Ernesto PÉREZ, desde Cannes

Tras un principio entusiasmante de buenos films de
directores jóvenes pero ya consagrados como Leos Carax, François Ozon y Joachim Trier se han sucedido en los últimos días del concurso oficial del
74o. Festival de Cannes algunas decepciones de parte de los así llamados “abonados”, cineastas veteranos invitados una y otra vez a la Croisette, a despecho de la calidad mayor o menor de sus nuevas propuestas.
 Tal es el caso este año del holandés Paul Verhoeven, del italiano Nanni
Moretti
o del norteamericano Sean Penn para no citar más que los casos más resonantes.
 Verhoeven frecuenta Cannes casi desde los albores de su carrera en el
lejano 1973 con “Turkish Delight”, pasando libremente de una a otra
sección con obras realizadas a ambos lados del Atlántico que respondían
tanto a cánones comerciales como “Robocop” y “Total Recall” como a su
propia idiosincracia como autor como “Basic Instinct” o “Elle”, su
última visita a la Croisette en 2016.
 Su nueva película, “Benedetta”, que trata de un caso real de amores
sáficos ocurrido en un convento de monjas de la Italia del siglo XVII,
está narrada convencionalmente con escenas rayanas en lo ridículo y una
interpretación chata y de escaso vuelo donde no se salva ni siquiera una
Charlotte Rampling en madre abadesa o un Lambert Wilson sobreactuado en nuncio corrupto y libertino
para no hablar de la pareja protagónica formada por Virginie Efira (Benedetta) y Daphne Patakia, sin más talento que sus atributos físicos.
  El amor por el escándalo y la provocación que aún acompaña al
realizador a sus 83 años no convence al espectador que llega cansado al final
de las más de dos horas en las que se alarga inútilmente el film.
 Menos convincente aún “Tre piani” con el que Moretti vuelve después
de siete años al cine después de su excelente “Mia madre” premiado en
2015 por el jurado ecuménico.
 También Moretti es un viejo abonado de Cannes donde presentó casi toda
su obra desde la época de su segundo film, “Ecce bombo” de 1978, habiendo
ganado la Palma de Oro en 2001 con “La stanza del figlio” y el premio al
mejor director en 1993 por “Caro diario”.
 Por primera vez a sus 68 años, Moretti no basa su nueva película en un
argumento propio sino en una novela del escritor israelí Eshkol Nevo,

adaptado por él con sus habituales colaboradoras Valia Santella y Francesca
Pontremoli, limitándose a trasladar la acción desde la Tel Aviv original a
la Roma donde vive y trabaja desde su infancia.
 Una serie de hechos inesperados cambian la vida de tres familias en otros
tantos pisos de un condominio: son la de un juez y una abogada cuyo hijo
borracho ha causado la muerte de una señora, la de un hombre que sospecha sin ninguna base que su anciano vecino ha abusado de su hija de pocos años y una madre primeriza que empieza a sospechar de haber heredado la locura de la madre.
 Rencores y violencia comienzan a resquebrajar la vida diaria de los
condominios que hasta ese momento convivían pacíficamente, ayudándose
mutuamente. La acción se divide en tres lustros sucesivos y aunque el paso del tiempo mitigará los efectos de los altercados, cada uno deberá afrontar la vida por su lado.
   Nunca Moretti había narrado de manera tan pedestre una trama ni había dejado tan libre a sus actores para actuar como quisieran, con la consecuencia de que todos recitan con esa monocordia que era uno de los relativos encantos del director, al momento de presentarse como actor. 
  Sean Penn, omnipresente en Cannes tanto como actor que como director,
vuelve a presentarse en la Croisette más como padre que como cineasta en “Flag Day”, todo construido para mayor lucimiento de su hija Dylan en su primer papel protagónico.
 Basado en un libro en el que la periodista Jennifer Vogel cuenta su
conflictiva relación con un padre delincuente y ausente, el film está
cargado sobre los endebles hombros de Dylan Penn mientras el director se
limita a acompañar con su simpatía y calidad de actor las sobreactuaciones
de su hija.