sábado, 29 de mayo de 2021
«El perdón de Sánchez», por Carmen DE CARLOS

Carmen DE CARLOS, para SudAméricaHoy

La historia, en España, no se repite, se construye y destruye con impunidad oficial. El que la escribe estos días es Pedro Sánchez, el hombre que gobierna a su manera, que no es otra que la de ordeno y mando, aunque no tenga mayoría ni en el Congreso, ni en el Senado, ni en la calle. Con esta excusa aparente, la de no tener mayoría, justifican los suyos que pacte con el diablo del separatismo y arremeta contra el Estado de Derecho.

Sánchez, el mismo que dijo que las sentencias había que cumplirlas, prepara los indultos de los golpistas que pusieron en jaque a Cataluña y a todos los españoles. Legalmente, el presidente está en su derecho de hacerlo pero, moralmente, no parece que lo tenga. Entre otras razones, porque equipara “venganza y revancha” con justicia, la que impartió la sentencia del Tribunal Supremo que condenó a los líderes separatistas. En esta línea de, hago lo que me da la gana, el Gobierno dejó caer que el delito de sedición, por el que fueron condenados la mayoría de los políticos golpistas, está obsoleto y habría que, dicho con otras palabras, hacerlo desaparecer.

El escenario actual de esta España, irreconocible, se ilustra con esos condenados rechazando el indulto. Ellos, que entran y salen de una cárcel de lujo como si fuera un hotel, exigen una ley de amnistía que borre sus antecedentes penales, al tiempo que manifiestan que… lo volverán a hacer. Es decir, no sólo no hay arrepentimiento sino que declaran, desembozadamente, que se preparan para cometer los mismos delitos.

Pedro Sánchez repitió hasta cinco veces, en Bruselas, lo de “venganza y revancha”. Para los fiscales y los magistrados del Supremo, no debe ser fácil tener que digerir esas palabras. El alto tribunal, no pudo ser más contundente: «inaceptable», la medida de gracia, advirtió.

El silencio impuesto al Rey, que deberá ratificar con su firma los perdones debe ser aún más doloroso por no hablar de humillación. Lo mismo que en la Cataluña constitucionalistas, la que todavía tiene más votos -no escaños- en las elecciones. Allí,  aunque el sentimiento de abandono resulta deprimente, todavía hay fuerza para alzar la voz. Lo hacen en el Foro de Profesores, en las universidades y donde les dejan.

Este asunto resulta casi surrealista. Principalmente, porque era innecesario poner en tela de juicio al Poder Judicial y sacudir a una sociedad cansada de tanta muerte por el Covid y hastiada de los abusos de poder. A Pedro Sánchez, en rigor, le hubiera bastado con decir que consideraba oportuno conceder indultos -como hizo Carlos Menem con las Juntas Militares- en pro de la reconciliación nacional etc, etc pero no, el hombre que obtuvo los peores resultados en las urnas de la historia del PSOE, eligió otro modo, el asalto, la ofensa a la Justicia. La pregunta inmediata sería: ¿Por qué? La respuesta, quizás, sería porque él, es así, vengativo y revanchista. Pero hay más, la verdadera razón del «hecho» se debe a que su Gobierno desparece sin el apoyo del separatismo que, en su idioma, le exige los indultos que dice rechazar. El fondo de la cuestión es éste, las formas, las suyas.