sábado, 3 de noviembre de 2018
“El aeropuerto de México, incongruencias y caos”, por Federico PONCE ROJAS


“No hay peor tiranía que la que se ejerce a la sombra de las leyes y con color de justicia”

Montesquieu

Por Federico PONCE ROJAS, para SudAméricaHoy

A unos días de que AMLO presidente electo, tome posesión y pueda cumplir con la obligación de gobernar, existe un ambiente en el país de temor, angustia y zozobra; los actos de desgobierno han puesto en duda su tan celebrada legitimidad.

Estos actos de desgobierno han sido ejecutados magistralmente para evitar responsabilidades legales, concretamente con la famosa consulta (charada) que sin motivo ni fundamento, apoyado en 3 causas irrisorias anuncian la cancelación de la obra del NAICM (Nuevo Aeropuerto Internacional de Ciudad de México).

Al respecto, cito el criterio jurídico que a mi parecer es impecable del Juez Cuarto de Distrito en Materia Administrativa en la Ciudad de México, que determinó que en el sistema constitucional no existe facultad alguna concedida al presidente electo, por lo que su actuar, no deriva del ejercicio formal del poder del Estado y, por ende, no puede estimarse como una autoridad estatal; el C. Juez estimó que los actos realizados son actos extrajurídicos y se encuentran al margen del sistema constitucional, pues no tienen sustento ni fundamento en la Constitución y por esa misma razón no pueden producir efecto jurídico alguno. El Juez resolvió que la consulta nacional no será el acto que determine la continuación de la construcción del nuevo aeropuerto internacional de México, sino que será la decisión que adopte el presidente electo una vez que tome posesión en su encargo el 1 de diciembre de 2018, ya que entonces, constituirá un acto jurídico autónomo del resultado de la consulta y cuya constitucionalidad se podrá analizar, de ser el caso, por méritos propios. Adicionalmente resolvió, que la consulta no se hizo en ejercicio de una facultad constitucional o legalmente reconocida, por ende, escapa a un control constitucional y no puede tener consecuencia jurídica alguna y mucho menos aún, un efecto vinculante en términos estrictamente constitucionales.

El presidente electo y sus colaboradores anuncian permanentemente medidas incongruentes, incompletas y contradictorias en temas como el descrito o aun peor en los de combate a la inseguridad, la violencia, la corrupción y la impunidad.

Las afectaciones sociales, económicas, de credibilidad e imagen de nuestro país atraviesan por su peor momento; un caos innecesario ¿Para qué agitar las aguas, estando tranquilas? Calmarlas ahora, como señala el empresario Romo, no remediara los daños ya causados.

El próximo gobierno busca allanar legislativamente cualquier contrapeso, así el Congreso (ese sí ya en funciones) afín en una mayoría avasallante al proyecto del líder de Morena, se encuentra saturado de reformas por aprobar, incluida la Constitución general.

A la fecha nuestra carta magna, que contiene 136 artículos, ha sido reformada 707 veces, ¿Seguirá este camino de reformas interminables con propósitos políticos esgrimiendo el mandato de la voluntad general y no de acuerdo al “bien general”? La ley suprema establece el principio de que la soberanía nacional reside esencialmente en el pueblo.

El acto de desgobierno que anuncia la próxima suspensión de las obras del aeropuerto de Texcoco es ignorar la voluntad de 129 millones de habitantes y aceptar la de 750 mil habitantes, esta disparidad nos ratifica que estas acciones no se ciñen al “bien general”.

De este tema se han ocupado una buena cantidad de analistas en todos los ámbitos y hasta este momento no se han encontrado suficientes fundamentos o motivos para dicha consulta y su resultado; que, cuando se materialice como acto de gobierno habrá arrastrado daños irreparables sumados a la desconfianza de proyectos anunciados tangencialmente en diversas materias.

No hay necesidad de que estos actos de desgobierno provoquen angustia, zozobra, desconfianza y temor como ya se dijo, con daños irreparables contundentes y acreditables para ahora invocar serenidad, si esta se puede lograr para los gobernados sin necesidad de provocar el desconcierto y la incertidumbre. Ejercicios estériles que no conducen más que a la especulación y a perder la esperanza en una transformación del país que todos anhelamos.

Ciertamente el país se transforma y se transformará aún más, pero los caminos esbozados para tal efecto resultan incomprensibles y dejan la enorme duda de que esta transformación sea para bien.

Dentro de esta opacidad y decisiones arrebatadas no se ha informado al “pueblo“ que la base militar de Santa Lucia está plagada de deficiencias naturales, climatológicas, ambientales, físicas y poblacionales; una cosa es un aeródromo convertido en base aérea y otra es un aeropuerto internacional. ¡Es preocupante la ignorancia y mala fe de los promotores!. La pista fue construida a principios de los años 40 cuando México entró a la II Guerra Mundial hace más de 70 años.

Los análisis y estudios que están por hacerse, si son hechos de manera seria, concienzuda, técnica y profesional, darán como resultado la inviabilidad del proyecto.