domingo, 29 de noviembre de 2020
«Peregrinos de mar», por Luli DELGADO

Por Luli DELGADO, para SudAméricaHoy

De acuerdo con el DRAE, un peñero es: “ 1. m. Ven. Bote pesquero de nueve metros y medio de eslora, sin cabina y de forma más fina en la proa, lo que le proporciona más rapidez”.

Fue en uno así que 29 venezolanos, de los cuales 16 eran niños, zarparon en busca de refugio hacia Trinidad y Tobago, país limítrofe al este del país.

Llegaron a destino y no los dejaron entrar. Durante 40 horas no se supo de ellos, hasta que por fin aparecieron en Delta Amacuro, al este de Venezuela, y por orden de una juez trinitense volvieron a Trinidad y Tobago. Los detalles de la historia confunden un poco, pero no es en ahí que quiero hacer hincapié.

Los venezolanos, cada día más desesperados, están adoptando la modalidad de los balseros cubanos, que con cualquier cosa que flotara trataban desesperados de huir hacia Miami.

Cabe recordar el caso de Elián González, cuya madre murió ahogada en el trayecto, y el niño, entonces con cinco años, fue enviado de regreso a Cuba a solicitud del padre. Eso fue en 1999 y causó un gran revuelo internacional, sobre todo por la famosa foto de Elián, llorando desesperado para que no se lo llevaran de la casa de sus tíos en Florida.

La foto ganó el Premio Pulitzer de ese año y generó un conflicto de importancia entre los Estados Unidos y Cuba.

Recuerdo que aquello nos partió el alma a todos los que nos enteramos, pero también recuerdo haberlo sentido como una de esas cosas que pasaban en Cuba y de la que nosotros estábamos exentos.

Resulta que ahora, los mismos escandalizados por aquella historia grotesca, vemos que la protagonizan niños venezolanos, entre ellos un bebé de 4 meses.

Este episodio de Trinidad añade un capítulo marino a los miles de episodios de venezolanos que han huido, con frecuencia a pie, de un país en el que cada día asfixia más vivir.

Cuando creemos que llegamos al fondo del pozo, la realidad nos hace entender que todavía falta. ¿Y cuánto será que nos falta?