viernes, 18 de mayo de 2018
“Climax” y “Chuva e cantoria na aldeia dos mortos”, se llevan la otra palma de Cannes


Ernesto PÉREZ, para SudAméricaHoy

En espera de los premios mayores del concurso oficial
del 71º. Festival de Cannes, el cine latinoamericano excluído de la competición pero muy presente en las secciones paralelas, recibió varias recompensas en las reseñas paralelas que
certifican su muy buen estado de salud.
Por ejemplo, “Climax” del argentino Gaspar Noé, recibió el premio Art
Cinema como mejor film de la 50ª. Quincena de Realizadores, reseña paralela
no oficial del 71º. Festival de Cannes organizada por la asociación de
cineastas framceses, “Chuva e cantoria na aldeia dos mortos” de la
brasileña Renée Nader Messora y el portugués Joao Salaviza se alzó con el
premio especial del jurado de la sección paralela oficial “Una cierta
mirada” y el corto “El verano del león eléctrico” de Diego Céspedes
de la Universidad de Chile, ganó el primer premio de Cinefundación,
reservado a ensayos de fin de curso de las escuelas de cine de todo el mundo y
dotado con 15 mil euros.
Hiijo del artista plástico Luis Felipe Noé, con quien debió exiliarse en
París durante la dictadura militar, Gaspar Noé, 55 años, ha presentado en
Cannes la totalidad de su obra, compuesta por un corto, “Carne” en 1991 y
cinco largometrajes, pero solo “Irreversible” de 2002 fue invitado al
concurso oficial.
“Climax” es una alegoría sobre vida, sexo y muerte, tres temas
recurrentes en su obra, interpretada por jóvenes bailarines profesionales que
se interpretan casi a sí mismos participando en una velada que empieza
normalmente pero que, gracias a una sangría condimentada con droga, se
transformará en una orgía de sexo y violencia.
El director califica a su nuevo film como una montaña rusa que se
transforma en tren fantasma y en efecto el ritmo narrativo se va exasperando a
medida que los personajes empiezan a sentir el efecto de la droga y pierden el
control de sus actos.

Noé es un maestro a la hora de inyectar angustia en el espectador, ya sea
impactándolo con una primera escena de violación insoportable (en
“Irreversible”) o en este film donde no le deja respiro al presentar a un
grupo de personajes atrapados en una situación de la que no saben (y a veces
no quieren) escapar.
“Chuva” cuenta, en cambio, la historia de un joven indio de la tribu
Kraho del norte de Brasil que debe organizar el funeral de su padre para que
su alma pueda partir tranquilla del poblado y se pueda poner fin al duelo.
A mitad de camino entre el documental etnográfico y el cine de ficción,
esta es la opera prima de la novel directora brasileña que se ha apoyado en
la relativa mayor experiencia de su colega portugués, autor del largometraje
“Montanha” tres años atrás.
“El verano del león eléctrico”, que formaba parte de un pelotón de
17 aspirantes cineastas llegados de todos los rincones el mundo, cuenta la
fantástica historia de un niño que acompaña a su hermana adolescente a
convertirse en la séptima esposa del León, una especie de profeta de quien
se dice que electrocute a toda persona que lo toque.