martes, 7 de noviembre de 2017
Cartas de amor entre Brufau y Eskenazi

Cristina Fernández de kirchner con Brufau y los Eskenasi

Por Nacho MONTES DE OCA

Son cuatro cartas de puro amor empresario. Revelan un romance que además fue un gran negocio para la familia Eskenazi, el grupo empresario que el kirchnerismo colocó dentro del directorio de Yacimientos Petrolíferos Fiscales, para convivir como socio minoritario de la empresa petrolera Repsol. Estas cartas fueron escritas –de puño y letra la mayoría de ellas – entre 2009 y 2011 por el presidente de Repsol y al mismo tiempo de YPF, Antonio Brufau. En ellas se describe el modo en que se otorgaban millones de dólares a miembros de la familia Eskenazi mientras la compañía comenzaba a sufrir una situación financiera cada vez más asfixiante.

Las cartas a las que accedió INFO – Periodismo Privado, muestran cómo se entregaron cerca de diez millones de dólares de la empresa sin cumplirse los requisitos formales e inclusive incumpliendo con lo autorizado por los accionistas de la petrolera en las asambleas anuales. Como si se tratase de un emir de una corte de Oriente Medio, el presidente de Repsol repartía a un grupo de elegidos dinero a su antojo usando las utilidades de YPF como si fuesen propias.

ESTIMADO ENRIQUE

El 5 de mayo de 2010, Antonio Brufau le escribió de puño y letra y sobre una hoja membretada de YPF, una sentida carta a Enrique Eskenazi, cabeza del clan. Comenzaba con un “Estimado Enrique” y luego se desgranaba en una extensa lista de elogios por su entrada en la empresa y las acciones que había llevado adelante como miembro del directorio. Brufau, que se encargaba de presentarse “como presidente de Repsol” para que no quedasen dudas del carácter de la esquela, elogiaba en particularesta actitud vital, desde tu experiencia de toda una vida empresarial” que en otra parte del escrito extiende al esfuerzo “de toda la familia Eskenazi”.

Tanta dulzura, sin embargo, tenía un costado mucho más terrenal. En el siguiente párrafo, le dice a su socio “A veces es difícil encontrar fórmulas de agradecimiento que represente lo que uno quiere expresar, pero me parece que, ya que nos movemos en un mundo empresarial, lo mejor es actuar como tales…”. Acto seguido, el presidente de Repsol dirigió su mano al bolsillo de la compañía – de YPF, no el de Repsol – y le oficializó un modesto presente. En el texto, se lee “…es decir, como tales, pedirte que aceptes una expresión de este reconocimiento a través de un complemento a tus ingresos de 1.000.000 US$ para el ejercicio 2009”. Y para no traerle problemas a Enrique Eskenazi con complicadas cuentas impositivas, una llamada al margen aclaraba “Dicho importe será neto de impuestos”.

La carta del millón de dólares termina con la firma de Brufau y la fecha “5/3/10”.

ESTIMADO SEBASTIÁN

La siguiente carta de Brufau está dirigida al gerente general de YPF, Sebastián Eskenazi, hijo del patriarca del grupo. Fue redactada el mismo día que la anterior y también en hoja membretada de la compañía YPF.

Esta vez Brufau no pierde mucho tiempo en elogios y va directo al grano. En el segundo párrafo, se menciona una carta del 23/4/09 en el que se hace referencia a un bono variable de US$ 800.000 vinculado al cumplimiento de objetivos de “resultados, costos, finanzas y liderazgo (SIC) relaciones entre YPF y Repsol”. El presidente de la petrolera española explica entonces que “…he consultado con todos los miembros del Comité de Dirección de Repsol” (N del A: prestar atención al detalle) que más contacto tienen contigo, he analizado el año desde una perspectiva global – mundo – y particular de Argentina, y puedo decir que no podemos estar mejor representados en YPF”. Un momento. Eskenazi entró como socio de Repsol dentro de YPF y por lo tanto era parte de una empresa separada de la compañía española. Seguramente se trató de un error de Brufau, que confundió a quienes representaban sus intereses con los que lo hacían con los de sus socios minoritarios, es decir el grupo Eskenazi. Y lo mismo le debe haber pasado al Comité de Dirección de Repsol, que opinó sobre un bono que debía ser decidido por sus pares de YPF.

El caso es que Brufau estaba ese día de un inmenso buen humor y volvió a poner la mano en el bolsillo de YPF para sacarla atiborrada de divisas. Esta vez, el regalo es un poco más ostentoso. Según le explica a Sebastián Eskenazi “la retribución variable total para el ejercicio 2009 será de 2.800.000 US$”. Nuevamente, una llamada al margen indica que esa cifra quedará limpia para el beneficiario: “Dicho monto cancela los 800.0000 brutos anuales (máximo de retribución según carta del 23/4/09) y 800.000 US$ neto después de impuestos”. En otras palabras, casi le cuadruplicó el bono y de paso le ahorró el adicional en impuestos.

ESTIMADO MATÍAS

La tercera carta manuscrita de Brufau está dirigida a Matias Eskenazi director adjunto de YPF y hermano de Sebastián. Otra vez, el papel membretado sirve de alfombra para desparramar una cantidad de elogios por el desempeño del destinatario. Y luego, se expresa la “satisfacción que tanto yo mismo, como Sebastián (Eskenazi), Antonio Gomes y el Comité de Dirección de Repsol YPF tienen sobre el resultado de tu dedicación a nuestra casa”. En particular, le explica que valoran“el resultado en todo el área del gas para conseguir mayor transparencia, mejores precios y un entorno legal más favorable”. Debe recordarse que la carta es contemporánea con el inicio de las compras de gas al exterior por parte del Estado argentino al agotarse la provisión local que tenía en YPF un vendedor mayoritario.

Tanto halago tiene un desenlace previsible: “…este año 2009 creo que es justo reconocerte un éxito especial, que como no puede ser de otra manera, toma la forma de una retribución variable adicional de 1.000.000 US$ que se abonarán próximamente”. De nuevo, una llamada debajo de la cifra aclara que se trata de un importe final, luego de considerar impuestos.

Pero Brufau, ya lanzado a hacer regalos a expensas de YPF, redobla la apuesta y le comunica además que “tus honorarios como Director Adjunto al Vicepresidente Ejecutivo para el periodo que va de mayo 2010 a abril 2011 será de 1.650.000 US$”. Es decir que, en apenas dos carillas, el presidente de Repsol le aseguró a Matías Eskenazi un ingreso anual de algo más de dos millones y medio de dólares, solo por ser un miembro secundario del directorio. No hay cartas disponibles que muestren que Brufau regalara a otros directores de igual rango y con tal discrecionalidad sumas similares de dólares de las cuentas de la empresa YPF.

UN AÑO MÁS TARDE, NUEVA CARTA A SEBASTIÁN

El 26 de abril de 2011, Brufau volvió a escribirle a Sebastián Eskenazi. Esta vez es una carta impresa con el logo de YPF en la que el presidente de Repsol abre el texto con un “te comunico por este medio mi valoración global de tu desempeño y consiguientemente, el efecto sobre tu retribución”.

Ahora, ya no lo trata como representante de Repsol en el directorio, sino como “primer accionista”. El nuevo rótulo, no obstante, no disminuye el voltaje de los elogios. Otra vez, valora positivamente que “se han seguido produciendo constantes mejoras en la relación con los sindicatos, el Gobierno Nacional y de las Provincias, lo que ha seguido siendo una muestra de un excelente compromiso personal”. En esos años, Sebastián Eskenazi era un habitué del despacho presidencial, en donde Cristina Kirchner recibía además a los gremialistas peronistas del rubro petrolero y los gobernadores de las provincias con yacimientos de crudo, que en su inmensa mayoría eran prósperamente dóciles a su proyecto político.

La eficacia política de Sebastián tuvo una recompensa terrenal. Al final del segundo párrafo, Brufau le informa quecomo labor de un extraordinario valor societario, reconocido desde el comité de Dirección de Repsol YPF es merecedora de una gratificación igualmente extraordinaria y excepcional, por única vez (en realidad era la segunda “única vez” que lo gratificaba en menos de un año) que yo cuantifico en 3.000.000 U$S”. Otra llamada al margen aclaraba que esa cifra era neta y que YPF debía abonarla con un adicional que permitiera que la embolsara luego de descontar impuestos.

En el siguiente párrafo, el hombre fuerte de Repsol le explica a Sebastián Eskenazi que Por lo tanto, a la retribución fija de 1.650.000 US$ y a la variable conforme a objetivos predefinidos en mi carta del 5-03-2010, debe añadirse esa gratificación extraordinaria y especial de 3.000.000 comentada en el párrafo anterior”.

El presidente de Repsol, lanzado a repartir el dinero de YPF, usa el último párrafo para argumentar a favor de otorgar un aumento extraordinario para el año siguiente; lo dice sin vueltas al informarle que “Para el ejercicio 2011 en curso y atendiendo a las mismas razones de corrección de honorarios de los Directores, a someter en la Asamblea General, tanto tu retribución fija como las variables para este año deben incrementarse en un 20% quedando así establecidas en 1.920.000 US$ y 1.200.000 US$ respectivamente”. Es decir, un aumento de US$ 270.000 por si la inflación le hubiera comido una parte del poder de compra del salario en el año anterior.

Recapitulando, al salario como directivo de US$ 1.650.000 le había sumado otros US 2.800.000 y luego un adicional de US$ 3.000.000 hasta totalizar US$ 7.450.000 de las arcas de la petrolera argentina.

A esta altura y en poco menos de dos años, Brufau llevaba entregados por fuera de las previsiones de las reuniones de asamblea, un total de US$ 9.800.000 en bonificaciones extraordinarias, que se sumaban a los sueldos de los miembros del directorio que YPF ya había contemplado en sus actas.

En todos los casos, Brufau se encargó de dejar constancia que no eran decisiones solitarias, sino que las había tomado luego de consultar a los accionistas de la empresa y de la petrolera argentina. Como todo viejo lobo de mar, el generoso empresario con dinero ajeno, sabía que si algo salía mal, podía invocar el conocimiento de otros miembros del directorio a la hora de recordar sus costumbres de emir petrolero.

En efecto, algo andaba mal y eran las formas del emir español. Al consultar las actas de la Asamblea General Ordinaria y Extraordinaria N° 34 de YPF, realizada el 14 de abril de 2010, no se hace mención alguna a bonos extraordinarios a alguno de los accionistas en particular. La única mención a retribuciones se hace en la página 6 en donde se fija una suma de 11.200.055 pesos argentinos “como remuneraciones totales del Directorio por el ejercicio cerrado el 31 de diciembre de 2009”  para ser distribuidos entre sus 18 miembros de forma igualitaria, tal como lo estipula el Estatuto de YPF. Al tipo del cambio oficial de ese día representaban exactamente US$ 2.876.937,17, lo cual apenas alcanzaba para pagar uno de los bonos de Sebastián Eskenazi y dejar unos cuantos miles para pagarle los impuestos de manera que le quedaran limpios en su cuenta.

Tampoco se habían previsto fondos adicionales para directivos en el Acta N° 33 del año anterior, realizada el 28 de abril de 2009, en donde se preveía un total de 8.414.736 pesos argentinos – es decir US$ 2.255.961,39 como “remuneraciones totales del directorio” que apenas alcanzaba para cubrir el otro bono de Sebastián y dejaba al resto del directorio sin sueldos ni gratificaciones extraordinarias. En el resto del documento, tampoco hay una sola palabra sobre bonos para los Eskenazi.

No es posible encontrarlas tampoco en la posterior Acta N° 35 en la que se aprueban honorarios por 12.833.100 pesos argentinos, lo cual tampoco alcanza para algo más que los sueldos y en donde vuelven a olvidarse de dejar constancia de los regalos millonarios de Brufau.

En esos días corría el rumor en la city porteña sobre un acuerdo entre el ex presidente y el jefe del clan, en el que el primero habría puesto la condición que “los dividendos son para mi, los honorarios para tu familia”. Aunque es imposible corroborar la versión, apenas entraron a la empresa los Eskenazi consiguieron apoyo para reformar el Estatuto para elevar el número de directores que le correspondían por su representación accionaria y la creación de nuevos cargos ejecutivos que fueron cubiertos por soldados de los Eskenazi.

Podría argumentarse que se trataba de un modo de compartir las ganancias de la compañía, pero en ninguna de las asambleas de accionistas se dejó constancia de la conversión de dividendos en bonos extraordinarios para uno o más miembros de la compañía. Menos aún, para otros integrantes de menor rango del directorio. De ellos, también se acordó Brufau en la cuarta carta dirigida a los Eskenazi de Buenos Aires.

Los dos cruzados de los Ezkenazi

En la carta del 26 de abril de 2011, Brufau autoriza además que se le entregue un millón de dólares a Ignacio Morán y otro a Mauro Dacomo. Y en un tratamiento similar al de los Ezkenazi, en un ademán de generosidad pidió que se les otorgue la cifra neta, cubriendo a cuenta de YPF la parte de impuestos que corresponde.

El premio a Moran y Dacomo dentro de la carta a Sebastián Eskenazi, no era una anomalía. Los dos integrantes del directorio de YPF que llegaron a ese lugar en febrero de 2008 con el desembarco de los Eskenazi, eran viejos conocidos del clan.

Ambos fueron integrantes de los directorios del grupo de bancos del Grupo Eskenazi, formado por el Banco de San Juan, del Nuevo Banco de Santa Fe, del Nuevo Banco de Entre Ríos y del Banco de Santa Cruz, en donde se operó la salida al exterior de los fondos de la provincia obtenidos por la renta petrolera por 650 millones de dólares. Mientras los fondos se perdían en un entramado de operaciones de triangulación manejados por la familia Kirchner, Morán era auditor interno del Banco de Santa Cruz y Dacomo integrante del Consejo de Dirección.

El 10 de febrero de 2010, Mauro Dacomo fue nombrado Director de Asuntos Jurídicos de YPF y se encargó de diseñar la arquitectura legal que permitió que YPF cediera parte de sus activos a favor de Repsol. También fue responsable de negociar con sindicatos y gobernadores una convivencia armónica a base de concesiones y negocios mutuos. Ignacio Moran fue nombrado en la misma fecha en el cargo de CFO y como tal fue el encargado de manejar el día a día de la empresa. Su gestión coincidió con la caída financiera de YPF que condujo a su nacionalización y fue sincrónica con la evaporación de las reservas de crudo de YPF, que se desvanecieron misteriosamente sin que nadie pudiera explicar hasta el presente su destino.

Dacomo y Moran aparecen en el acuerdo de venta de acciones de YPF estipulado entre Repsol YPF y los Ezkenazi el 21 de febrero de 2008 en la capital española. El contrato fue firmado entre la petrolera española y Petersen Energía Pty LTD con domicilio en Towers 525 de Collins Ave. Melbourne, Australia, cuya propiedad pertenece a la familia Eskenazi. A su vez, la compañía australiana controla a Petersen Energía, poseedora de las acciones de YPF, una compañía que los Eskenazi crearon en Madrid poco tiempo antes de desembarcar como socios de Brufau.

Mauro Dacomo e Ignacio Moran aparecen como apoderados de Petersen Pty y luego como consejeros de Petersen Energía de España. Sin dudas, ambos eran las dos personas de mayor confianza del clan. Y el emir de Repsol YPF estaba sin dudas al tanto de esa situación.

Moran se quedó en YPF hasta la nacionalización de las acciones de YPF, mientras que Mauro Dacomo se fue de la compañía un poco antes, pero de manera tormentosa. En 2014 inició un juicio laboral contra YPF en reclamo de una suma millonaria como compensación por su salida. Finalmente, durante la gestión de Galuccio y Kiciloff, se le pagó una indemnización sin sentencia que le permitió embolsar $ 11.787.541, una suma cercana al millón de dólares que irá a hacer pareja con aquel que le regaló una década antes el emir de Repsol en un rapto de generosidad.

Posdata: el dinero se fue a EEUU y Suiza

Una de las curiosidades de la actitud generosa de Brufau con el dinero de YPF, es el sinsentido empresarial de su gesto. Los Eskenazi entraron a YPF con una propuesta algo insólita. En lugar de usar su propio capital para comprarle una porción de las acciones a Repsol, llegaron a un curioso acuerdo mediante el cual la petrolera española le cedía el 21,75% de su participación valuado en 3.000 millones de dólares, a cambio de futuras utilidades. Es decir, que sin poner un solo centavo los Eskenazi se hicieron con una porción de la mayor empresa argentina, y por ende de sus ganancias. El ex presidente Néstor Kirchner fue el que puso más entusiasmo para que Brufau aceptara el acuerdo. No se sabe qué tipo de argumento usó el difunto mandatario argentino, pero deben haber sido muy poderosos para convencer al veterano empresario Antonio Brufau, acostumbrado a mil batallas contra políticos igual o más poderosos que el ex gobernador de Santa Cruz.

A juzgar por los regalos que les hizo a los miembros del clan Eskenazi, Brufau no quedó para nada resentido con el ingreso de los nuevos socios.

Lo extraño es que aquellos millones que iban a los Eskenazi restaban ganancias a la empresa YPF y por ende disminuían las utilidades, que eran precisamente la piedra angular del acuerdo con Repsol. En otras palabras, disminuir las utilidades restaba dinero a lo que debería recibir de los Eskenazi, que iban a usar cada porción de ese capital extra para cancelar la deuda con Repsol. Para cubrir esa deuda, en los años siguientes YPF se endeudó por unos US$ 9.000.000.000

La única posibilidad es que los Eskenazi usaran todo ese dinero para pagarle a Repsol en el mismo acto en que lo entregaran. Sin embargo, la ruta final del dinero regalado por Brufau se descubre en la denuncia presentada ante la justicia argentina por el abogado Ricardo Paz Hererra contra Brufau, al clan Eskenazi, Roberto Baratta y otros miembros del directorio de YPF – Repsol.

Paz Herrera, que como accionista minoritario de YPF reclama que los demandados devuelvan el dinero cobrado ilegítimamente como honorarios – identificó una serie de cuentas en el exterior hacia donde fluyeron unos 120 millones de pesos del clan Eskenazi en el periodo en que Brufau tuvo su ataque de generosidad con ellos.

Las cuentas más activas son las de la sucursal New York del Citibank que llevan los números 9933891571, 9933891555 y 9933891539 a nombre de Enrique, Sebastián y Matías Eskenazi. La otra ruta conduce a las cuentas SWIFT CRESCHZZ80A N° 0835-976219-4 del Credit Suisse de Zurich y a la cuenta del Bank of New York Mellon SWIFT IRVTUS3NXXX N° 8033342099, ambas a nombre de Sebastián Eskenazi.

Al conocerse la partida del dinero hacia el exterior, se confirma que la sangría de fondos que digitó Brufau tuvo por destino las cuentas personales de los Eskenazi y no fueron remitidas a Petersen para cancelar la deuda derivada de la adquisición de las acciones.

Expresado en palabras más sencillas: no fue un acto empresarial, sino un regalo personal que los beneficiarios se encargaron de llevarse a sus cuentas bancarias.

Entonces, en su rol de emir de Repsol YPF, Brufau benefició a sus socios por razones que aún no quedan claras, pero probablemente tengan que ver con sus contactos con el régimen kirchnerista, que tanto había hecho para que se hicieran con una porción de la empresa sin poner un centavo para lograrlo.

Quizás los Eskenazi valían por su capacidad para reunirse con la presidente Cristina Kirchner y distraer al gobierno con buenos modales, mientras los yacimientos de la compañía se agotaban, sus reservas se vaciaban, la empresa se deshacía de empresas subsidiarias y operaciones en el exterior y sus cuentas se volvían de un rojo furioso.

Todo esto sucedía mientras YPF Repsol colocaba acciones en la Bolsa de New York por unos 2.500 millones de dólares gracias a una estrategia de mostrar reservas incomprobables, finanzas fantasiosas y girar utilidades por encima del 30% a los socios contradiciendo las regulaciones de la bolsa norteamericana en donde cotizaban sus acciones. Esa campaña fue apoyada por una similar del gobierno argentino, que a través de Cristina Kirchner y sus funcionarios corroboraron la solidez financiera de la compañía.

El resto de la historia es conocida. Una vez que embolsaron lo que recolectaron en la bolsa norteamericana, los directivos de Repsol YPF sinceraron la situación de la compañía y declararon que estaban en problemas para gestionarla. La presidente Kirchner sobreactuó una indignación nacionalista y expropió las acciones de Repsol en 2012. Tan furiosa estaba, que tomó las previsiones para que le pagaran una compensación por 5.000 millones de dólares a los españoles y aceptó no investigar lo que habían hecho junto a sus amigos, los Eskenazi.

La impunidad que disfrutaron los españoles para operar en YPF se extendió al ser nacionalizada parcialmente. Incluso hoy, el directorio de la petrolera argentina continúa cumpliendo la orden no escrita de no investigar hacia atrás lo sucedido en la compañía, aunque el hacerlo pudiera traer consigo la posibilidad de recuperar una parte del patrimonio perdido en la década anterior, tal como consta en dos denuncias del letrado Herrera Paz contra el actual directorio.

De esa ausencia de interés por saber que pasó, se alimenta el misterio sobre lo que sucedió mientras Antonio Brufau era el líder de un emirato en donde algunos eran regados por una lluvia de dinero mientras la compañía comenzaba a hundirse.

Hay más cartas de Brufau, en las que se repite el mismo gesto de generosidad con el dinero de la compañía argentina. En todas ellas, expresa con millones un amor que pudo haber sido efímero, pero que mientras duró hizo a sus protagonistas muchos mas ricos que antes.