domingo, 17 de septiembre de 2017
CFK y el mito del eterno retorno de lo mismo

Buenos Aires. Por Raúl ARAGON/Roberto F.BARGA

En las culturas más antiguas, el mito del eterno retorno simboliza el esfuerzo inútil, la naturaleza circular de la realidad que siempre vuelve a comenzar y se repite a pesar de los esfuerzos humanos para corregirlas. Lo que ha sido será nuevamente… por siempre.
Estas líneas, este momento tuyo de estar leyéndolas, ya ocurrió infinitas veces en el pasado y ocurrirá infinitas veces en el futuro. No hay escapatoria.
En el peronismo, la idea del “retorno”, si bien no está adjetivada con “eterno”, es central en su identidad. Hasta ahora, el peronismo siempre ha vuelto. Ha vuelto en sus figuras de liderazgo. “Volveré y seré millones”, dijo Eva Perón, ya próxima a partir. Y volvió en la vigencia de su identidad en el imaginario de las clases populares como un valor fundacional y en la imposibilidad rotunda que se le impone, aun a los sectores más furiosamente antiperonistas, de criticarla. Ni Fernando Iglesias pudo hacerlo.
“Luche y vuelve”, dijo el PJ desde la proscripción en 1964 y a punto de cumplirse diez años de exilio. Y nueve años más tarde, el Jefe volvió. “Volveremos”, dijo Carlos Menem, y en 2001 el peronismo volvió al poder dos años antes de tiempo y se sostuvo por casi 14 años.
La imagen más antigua del mito es la del Uroboro, la serpiente que se come la cola, vive de sí misma y siempre se regenera. Algo de esto tiene el peronismo. Siempre vuelve, alimentándose del recuerdo instalado en el imaginario como un gobierno del pueblo.
Pero el fenómeno CFK parece no cumplir con la condición básica para retornar. Su ruptura con el peronismo, o gran parte de este, la deja sin el sustento electoral necesario. Dividió para reinar y ahora esa división la condena al fracaso. Es como si la mitológica serpiente no alcanzase, esta vez, a morderse la cola y, en consecuencia, se consume sin regenerarse.
Por estos días, “Ella” ha intentado un movimiento desesperado; podría decirse un último tarascón. “No les pedimos el voto para nosotros, sino que ofrecemos nuestra boleta para que pueda representar su voto opositor…” O sea, se dirigió a los votantes de las otras dos expresiones peronistas. No a sus líderes, sino a sus electores. La movida es audaz y de final abierto. Pero si no resulta, esta vez no habrá retorno. Al menos, no lo habrá para ella.