miércoles, 21 de agosto de 2013
Con el tercio a la batalla

Mario Oscar CarricartPor Mario Oscar CARRICART

Los Tercios eran una unidad militar del ejército español creados por Carlos I, inspirados en las legiones romanas que operaban en Hispania a las cuales se las conocía como tercias. Los mismos fueron famosos por su resistencia en el campo de batalla.

Fueron el primer ejército moderno europeo y durante siglo y medio considerados la mejor infantería en el campo de batalla.

Vale esta pequeña introducción de historia militar para comprender el nuevo panorama político argentino luego de las elecciones primarias en las que el oficialismo fue derrotado por distintas fuerzas opositoras en todo el país.

En el primer acto público donde apareció la presidenta de la Nación, hizo una afirmación que le valió la reprobación no solo de los partidos opositores y los medios de comunicación opuestos a este gobierno, sino también de la ciudadanía en general.

 Cristina dijo hemos triunfado a nivel nacional.

Se han gastado ríos de tinta denostando esta afirmación que para muchos, demuestra lo alejada que esta de la realidad la presidenta. Hasta ha llegado a decir un prestigioso periodista  que los médicos de la presidenta de la Nación están preocupados por las reacciones que está teniendo.

El peronismo del Frente para la Victoria se alzó en el país con poco menos del 30 % de los votos, es decir un tercio de los electores votaron al Kirchnerismo. Y es con este tercio con el cual la presidenta piensa entrar en combate.

Conocedora de la fortaleza de su tercio, como los tercios españoles, quienes componen este tercio de votantes son todos combatientes convencidos de la causa K y conocedores de sus fortalezas y debilidades.

Desde que Angeloz perdió las elecciones con Carlos Menem, hasta el triunfo de la Alianza que llevo a De la Rua al poder, el radicalismo ha mantenido un caudal de votos en las elecciones cercano al 30 % del electorado.

Pero aquel tercio radical con este tercio K en nada se parecen. Aquel tercio de los noventa se enfrentaba con un peronismo unido y único, mientras que el tercio K se enfrenta al Frente Renovador de Sergio Massa, a la alianza UNEN que junta a Radicales con Socialistas y Progresistas, al PRO de Macri y a la izquierda. No es lo mismo un 30 % contra un 50 %, que un 30 % contra un 70 % dividido entre 4 o más fuerzas.

Cristina Fernández de Kirchner tuvo razón, el Frente Para la Victoria volvió a triunfar. Y el triunfo no está dado porque hayan sacado mayor cantidad de votos que el resto, en política no siempre dos más dos es cuatro.

La presidenta sabe que frente a la oposición es más fuerte, sabe que su tercio, aquel que utilizará en la batalla final que le queda por librar, es más fuerte, más convencido y más profesional que todos los ejércitos de la oposición desperdigados como están. El de enfrente es un ejército de descontentos, de gente con bronca, los une el espanto y no el amor o el convencimiento en un modelo de país, y esta presidenta sabe que siempre el convencimiento puede más que la conveniencia.

¿Pero cuál es la batalla que se tiene que librar?

Desde Clarín y los medios opositores han instalado la idea que lo que se busca es la perpetuidad en el poder. Me voy a tomar una licencia y me voy a alejar de la línea que bajan los medios hegemónicos y me voy a plantear una hipótesis que trate de explicar la forma de actuar del gobierno nacional.

A Cristina su mandato se le termina en el 2015, la Constitución Nacional no permite una tercera reelección, intentar reformarla no solo es un suicidio político sino también que pone en serio riesgo la paz social.

Ahora bien, ¿Cómo hace una mujer, o un hombre (para que no me tilden de machista) para gobernar un país, bajo el signo del peronismo, manteniendo durante los últimos dos años de su mandato el mismo poder, la tropa alineada, y las lealtades intactas?

Esta es la verdadera batalla que el Kirchnerismo va a dar en estos dos años finales, la gobernabilidad y una transición ordenada para un nuevo presidente que garantice el retiro en paz de Cristina de la casa rosada.

Tampoco se equivoca CFK cuando señala que el verdadero enemigo es la Corporación Clarin, Magnetto y su equipo, si bien no lo dicen a los cuatro vientos en forma expresa, van por todo. A ellos no les importa, ni la gobernabilidad, ni la transición, ni la salud democrática de nuestras instituciones y nuestra sociedad.

En estos diez años no solo les tocaron sus intereses sino también los humillaron, y eso debe ser escarmentado, no solo para que este gobierno pague sus culpas, sino también para que les sirva de advertencia a los futuros presidentes.

El gobierno K, con su soberbia, su prepotencia tan peronista, su irritabilidad y su descalabro económico, hoy intenta asegurar la gobernabilidad de sus últimos años de gestión y una transición ordenada, y si puede poner un presidente que continúe el modelo de poder construido en estos diez años mucho mejor. La única forma en que sabe hacerlo es combatiendo.

La oposición sigue demostrando que no sabe qué hacer con todos los votos que saco, y no asume que asegurar la gobernabilidad y la transición también es una obligación de ellos.

Clarín, como los peleadores callejeros olió la sangre y va por todo.

Veremos si Cristina con su tercio puede emular la eficiencia y los triunfos de los tercios hispánicos que aportaron su sangre en la expansión de la hegemonía española en Europa.