miércoles, 18 de octubre de 2017
Democracia, justicia y el mundo (argentino) del revés

Por Marta NERCELLAS, para SudAméricaHoy

El orden político siempre importa. Naturalizamos aquel que se desarrolla en el lugar en el que vivimos. Entre la democracia y el autoritarismo sólo hace falta que, lenta y pausadamente la primera sea recortada y limitada por gestos que van cercenando derechos individuales pero que, como comienzan a integrar nuestra vida cotidiana, nos parecen neutrales. El orden político no sólo importa, sino que puede ser “descubierto”, más allá de sus disfraces, por cualquier turista que sepa hacer las tres o cuatro preguntas que lo definen.

Las dictaduras fueron tragedias de nuestro pasado. Creímos que la democracia se consolidaba y la violencia política dejaba de ser una preocupación en nuestro país. Casi como una pesadilla vivimos un gobierno elegido por el pueblo con una mayoría estremecedora, que comenzaba a burlarse de las formas primero y del fondo después, en definitiva, de todo aquello que califica un territorio como república.

Nuevamente, recién sentimos el real valor de aquello que se perdía, cuando se acallaron los gritos y se atenuaron los temores; cuando las verdades tapizadas con dibujos irreales que nos mostraban un país que sólo existía en la imaginación de sus relatores, fue apareciendo casi sin esfuerzo, sólo dejando de lado las mentiras

Pero cuando la justicia empezó a pedir rendición de cuentas a quienes infraccionaron las normas sin disimulo, porque creyeron que ese momento jamás llegaría, eligieron como forma de defensa: las denuncias falsas que inundan y paralizan los Juzgados Federales, las calles llenas de gente que ni siquiera saben por qué supuestamente reclaman, pero que igualmente fatigan el cansancio de quienes procuran trabajar y los insultos y agravios vertidos en redes sociales y en las páginas y espacios mediáticos que lograron conservar.

La democracia, aquella forma de gobierno que nos enseñaron de pequeños, parecía atrapada en los vicios de quienes la defienden cuando ejercen el poder, pero la atacan cuando debe ser oposición. La maltratan como si fuera un vicio burgués que debe ser extirpado si somos nacionales y populares.

Se acercan nuevas elecciones cuyos pronósticos (aunque leer siquiera encuestas es hoy un acto de fe y no de racionalidad) son adversos a esa oposición que no quiere resignarse a haber perdido el poder y emergen entonces como borbotones acciones que no son fáciles de asimilar para quienes creemos que las Instituciones y que el principio de autoridad deben ser preservado como una trinchera que nos resguarda del autoritarismo.

Una multiprocesada como Milagro Sala (líder del grupo Tupac Amaru sospechado de ser una asociación ilícita que usando como excusa a los pobres se enriquecían, mientras esclavizaban a aquellos para cuya defensa se constituyeron) enfrenta la autoridad del Juez y se niega a cumplir sus órdenes, órdenes simples y sencillas como “siéntese” , a lo que con voz disonante contesta “no, no quiero sentarme”, o “no me dé órdenes que no soy su hija” y ver con tristeza la impotencia del Juez que va cediendo a la prepotencia de una detenida .

La ex presidente, Cristina Fernández, – también multi procesada y sospechada de cometer delitos atroces, no sólo en el orden económico sino inclusive por un acto que debe calificarse como “traición a la patria”-, insulta y agrede al juez federal que la cita a prestar declaración indagatoria (como imputada). No sólo falta el respeto a la persona sino a la investidura, instigando constantemente a la desobediencia, la violencia y el atropello a las formas republicanas de gobierno.

Las constantes marchas y piquetes que, en muchos casos ni siquiera conocen la razón por la que fueron convocados a interrumpir las vías de comunicación y a causar caos en una ciudad que todavía tiene reflejos que parecen motivarse en temores profundos.

Las voces de quienes fueron importantes funcionarios del Estado gritando como niños malcriados para que les devuelvan los privilegios perdidos. A veces, los fragmentos que vemos que se arrojan por los aires parecen pedazos de un Estado roto.

Que sutura soportara una estructura que donde quiera que se toque hace que salte pus. Por qué cada funcionario en el que depositamos confianza nos cachetea con una verdad vergonzante escondida en los pliegues de su sonrisa.

¿Qué puede enseñar un docente que para demostrar su disconformidad con quien nos gobierna arroja huevazos a la caravana que transporta a nuestro Presidente? ¿Qué sentirán las fuerzas de seguridad de La Pampa que no pueden impedir que un grupo muy menor de personas despliegue su violencia contra esos autos oficiales?

Parecía que post verdad era una palabra vacía de contenido. Sólo pretendían sustituir mentira o falsedad por un término menos contundente. Como si la verdad aún siguiera causándonos recelo. Recordaba la época en que merced al miedo y la violencia, los dictadores lograron que algunos temas fueran prohibidos hasta en el hogar. Como si se tratara de un avance del “gran hermano” que años después nos mostró como la intimidad había perdido su valor como bien social.

Proclamamos consignas feministas, decimos que el cupo femenino debe ser del 50% como si lo que importara es el sexo del elegido y no su mérito. Pero la ex presidente proclama sin pudor, que si Evita viviera la votaría a ella y si viviera Perón lo votaría a Taiana. Es que ¿Perón no votaría una mujer, Evita no lo haría con un varón, o es que no entendí el contenido del mensaje?

¿Aceptamos que habiendo sido presidente y postulándose hoy para senadora, le diga a nuestros adolescentes que a ellos nadie puede enseñarles nada? Ustedes no necesitan estudiar porque tienen la sabiduría del pueblo que otros ilustrados no tienen, los arenga.

Estas frases nos hacen comprender porque las escuelas no eran reparadas, la calidad docente no era atendida, porque se usaban los presupuestos universitarios para cualquier clase de tropelía ajena a la enseñanza.

Al discurso apocalíptico y la crispación se suma una descripción de los hechos que no parecen referirse a la Argentina, no al menos a nuestro país de las últimas décadas.

Discutimos por un cupo cuando nuestro destino parece estar enredado en las faldas de varias mujeres. Elisa Carrió y Cristina por un lado y con una característica muy especial, el cenit de una es siempre el derrumbe de la otra. Es un viejo juego del que ambas contendientes hacen gala. El muro que las separa es la honestidad de una y la falta de esa cualidad en la otra pero lucen inteligencia, inmediatez y fuerza que parecen provenir de idéntico ADN.


Cristina asegura que la gente vivía mejor cuando ella era la presidente. Qué significara para ella esta afirmación. Que los “punteros” tuvieran más bolsas de comida para repartir a su antojo; que se ganaba en una concentración, aunque se desconociera para qué se había convocado, que trabajando en una fábrica; que se desvalorizara la meritocracia para endiosar a la obediencia. Para obedecer no hace falta pensar, ni estudiar. En esa balanza que marcaba que se vivía mejor con ella dirigiendo nuestro destino, no se computaba sin duda la libertad, la independencia de criterios, la dignidad personal, el respeto y podría seguir la enumeración. ¿Cuál es la verdadera personalidad de Cristina, la que nos mostraba antes de las PASO (Primarias) o la que resurge ahora? Ni siquiera eso logramos responder.

Es incomprensible que en un crimen de Estado (el homicidio de Nisman) la investigación no haya detectado que tenía en sus vísceras ketamina (anestesia disociada que produce sumisión química) o un golpe en el hígado, lesiones en la cabeza y piernas que son signos, casi inconfundibles, de la acción de reducción. Es impensable tanta chapucería en un hecho tan grave. Acababa de encontrarse muerto a quien investigaba el peor atentado sufrido por los argentinos, a quien había denunciado hacía cuatro días a la presidente y otros funcionarios, por sospechar que habían intentado encubrir a los señalados como autores de esa barbarie. Cualquier muerte merece el empeño de todos los que intervienen en la tarea de saber cómo ocurrió pero cuando la víctima es un Fiscal General que estaba desarrollando tan peligrosa tarea, cada detalle es importante. Parece que así fue para todos menos para quienes ingresaron a la escena del crimen, quienes realizaron la autopsia y en definitiva, para los que desde cualquier función debían reconstruir lo ocurrido.

Es difícil interpretar qué significan centenares de empresarios ovacionando de pie a un periodista (Jorge Lanata) que acaba de decirles que no entiende “cómo, teniendo tanta plata, fueron tan cobardes” refiriéndose a la manera en la que se condujeron con el gobierno anterior.

La doctora Gils Garbó es la primera mujer que alcanzó tan alto rango, también la primera Procuradora Fiscal procesada por Defraudación a las Arcas Públicas.

En este mundo del revés cada vez son más las preguntas, pero las respuestas no llegan.