sábado, 12 de mayo de 2018
“El angel” argentino aterriza triunfal en Cannes


Por Ernesto PÉREZ, para SudaméricaHoy

Nutridos aplausos para el primer film de América Latina
del 71º. Festival de Cannes, ausente del concurso oficial pero muy presente en las reseñas paralelas como “Una cierta mirada” donde  se presentó con gran éxito de público “El ángel” del director argentino Luis Ortega.
También se presentó en la sección de medianoche una producción
norteamericana, “Arctic”, ópera prima del director brasileño Joe Penna,
que debuta en la pantalla grande después de una serie de cortos y series
televisivas y de haber reunido a más de tres millones de suscriptores en
YouTube.
Es la primera vez que Ortega pisa el festival de la Croisette con su
séptimo largometraje después de haber sido premiado con los precedentes en
reseñas tan importantes como San Sebastián, Friburgo y Mar del Plata.
Y lo hace con una obra de inspiración clásica y esplendor narrativo que
se vale de una notable interpretación del debutante Lorenzo Ferro, de notable
parecido con el personaje real en el que se inspira la película y con la
misma cualidad angélica que le valió ese apodo, secundado por Chino Darín,
como su tenebroso compinche de fechorías, Mercedes Morán y Cecilia Roth.
En dos horas de narración sin sobresaltos, Ortega y su iluminador, Julián
Apezteguía (que también fotografió el otro film argentino de “Una cierta
mirada”, “Muere, monstruo, muere” de Alejandro Fadel como únicos
representantes del cine latinoamericano en esta reseña) siguen las andanzas
de Carlitos, desde su primera experiencia como ladrón oportunista de casas
desguarnecidas a asesino serial, sin olvidar la ambigua relación erótica con
su socio de aventuras en un par de escenas de alto contenido erótico que
nunca superan el límite del buen gusto.
Al revés que el concurso, reservado a periodistas e invitados, “Una
cierta mirada” está abierta al público, capaz de dejarse llevar por una
narración ágil y sin aspavientos, con personajes dibujados sólidamente y
servidos por actores de primer orden.
“El ángel”, además, se coloca entre los firmes candidatos a un premio
del jurado presidido por el actor norteamericano Benicio del Toro y cuyo
dictamen se dará a conocer el penúltimo día de festival, el 18 de mayo.
“Arctic”, en cambio, es la historia de un hombre perdido en la
inmensidad ártica que encuentra el valor de atraversar el helado desierto
para salvar a la copilota de un helicóptero que se había estrellado a tratar
de rescatarlo.
Interpretado por el actor danés Mads Mikkelsen, premiado aquí en Cannes
por su interpretación del hombre injustamente acusado de pedofilia en 2012 en
el film “La cacería”de Thomas Vintenberg, “Arctic” envuelve y
apasiona al espectador con una historia en la que todo parece oponerse a la
voluntad del protagonista, capaz de no perder nunca la esperanza de salvarse y
salvar a su compañera.
Después de la media decepción del film inaugural “Todos lo saben” del
iraní Asghar Farhadi con el argentino Ricardo Darín y los españoles Javier
Bardem y Penélope Cruz, el concurso del 71º. Festival de Cannes ha mantenido
un buen nivel de calidad en sus propuestas del concurso con dos miradas entre
desoladoras y nostálgicas al pasado próximo comunista en Polonia y Unión
Soviética y un ensayo sobre la tragedia que fue amar en la época del Sida en
un tocante film francés.
“Zimna wojna” (Guerra fría) del polaco Pawel Pawlikowski enfoca una
historia de amor nacida y destruída por la situación política que se vivió
en el país desde la instauración del régimen comunista en 1949 hasta 1964
cuando nada hacía suponer el ocaso del socialismo real que ocurriría un
cuarto de siglo más tarde.
“Leto” (Verano) de Kirill Serebrennikov, en cambio, es una mirada
nostálgica a un breve periodo sobre el final de la época breshneviana en el
que fue tolerada una cierta libertad de expresión, especialmente en el mundo
de la música rock que pudo inspirarse en modelos occidentales, desde David
Bowie hasta los Sex Pistols.
El concurso corrió luego a la París de 1992 cuando el SIDA hacía
estragos en la población homosexual con “Plaire, aimer et courir vite” de
Christophe Honoré, otra historia de amor pero esta vez cercenada antes de
nacer por el flagelo que se abatió sobre todo el planeta.