martes, 15 de enero de 2019
“Geopolítica y el cambiante valor de la energia”, por Atilio MOLTENI

Por Atilio MOLTENI, Embajador (Argentina), para El Economista

La evolución del mercado energético internacional influye profundamente sobre la dirección de la economía argentina. Tanto el incremento de la producción nacional de petróleo y gas (incluido la que se genera en Vaca Muerta), como el nivel de sus importaciones sectoriales dependen, casi por entero, de la evolución del precio en las transacciones globales. Por ello, el repunte que acaba de registrarse en el valor del petróleo crudo Brent, que volvió a pasar de US$ 50 a más de US$ 60 por barril, aporta un dato principal a nuestra vida cotidiana.

La explicación de estos hechos no es sencilla. Los especialistas destacan la combinación de fuerzas contrapuestas que generan esta realidad. En ella conviven la existencia de ofertas alternativas en el mercado petrolífero con la reciente decisión de la OPEP-plus (es decir, la que se genera en Rusia y en otros diez productores, a veces llamado Grupo de Viena) de disminuir su producción, con la creciente y voraz vocación por incrementar el consumo que se advierte en compradores como China e India.

El nivel de la demanda también está vinculado, entre otras razones, al estado transitorio de la economía mundial y al futuro de la incierta guerra comercial entre Estados Unidos y China. Ese cuadro no replica la situación de 20142015, ciclo en el que los precios eran muy bajos, debido a que los grandes productores como Arabia Saudita se dedicaban a aumentar su producción para conservar su participación en el mercado, porque en estos tiempos ellos se ven forzados a seguir la política inversa. El nuevo reflejo deviene del aumento de la producción de Estados Unidos –surgido de yacimientos no convencionales–, con el que se alcanzó una oferta de 11,5 barriles diarios (bpd) en octubre de 2018, lo que supone un aumento de 2 millones de bpd respecto del año anterior. Y aunque este último país es hoy el mayor productor mundial de petróleo y gas, un hecho que le permitió cortar su dependencia de los países del Golfo Pérsico, sus exportaciones no inciden mucho en el equilibrio global, ante el alto nivel que absorbe su propio consumo.

Sin embargo, sus productores de “shale oil” son sensibles a la marcha de los precios y muchos de ellos también dependen del nivel de precios, ya que su presencia en el mercado está asociada a la posibilidad de resolver su alto nivel de endeudamiento financiero. Sólo si los bancos no les restringen el crédito podrán mantener su actual oferta y por lo tanto sostener la participación estadounidense en el mercado global.

Además de ello, la geopolítica de la energía juega su propio partido en la evolución de los precios. Varios influyentes productores de petróleo, como sucede con Arabia Saudita, intentan terminar problemas que no se limitan a lo sucedido con el periodista Jamal Khashoggi ni a la personalidad del Príncipe heredero que hoy maneja las riendas del poder (con consecuencias directas en la inversión internacional en ese país), sino que se también se relacionan con el astronómico costo de su intervención militar en Yemen y sus acuciantes necesidades presupuestarias, hechos que limitan la obtención de recursos para poner en marcha el amplio plan de diversificación productiva que ambicionan llevar a la práctica. El Gobierno de Rihad necesitaría un barril de petróleo de ochenta dólares ya que, en caso contrario, las autoridades tendrán que seguir apelando al uso de sus reservas internacionales, cuyos niveles decrecen en forman constante.

Otro de los países muy comprometidos es Iraq, el cuarto productor mundial de petróleo, cuya economía está, según el Banco Mundial, en plena quiebra. Los observadores indican que el Gobierno no fue capaz de encontrar una solución al enfrentamiento de las comunidades árabes sunitas y chiitas; de combatir el alto nivel de corrupción interna ni de desalojar de su territorio a numerosos miembros del Estado Islámico, no obstante haber acogido dentro de sus fronteras la parte central de la lucha internacional contra el terrorismo. Además, la reconstrucción del país hace necesario una inversión masiva de fondos nuevos, posibilidad que se halla trabada por la presencia e incidencia de Irán. En síntesis, su aporte a la producción mundial es sólo dudoso.

El secretario de Estado, Mike Pompeo, visitó Medio Oriente en la segunda semana de enero, en otro esfuerzo por explicar a sus aliados la política de Washington que se refleja en el retiro militar de Siria (la que ahora tendrá mayores plazos de ejecución), durante la cual criticó al presidente Barack Obama por no entender la tenacidad del extremismo islámico y exhortó a sus interlocutores a participar en el aislamiento de Irán. La explicación real es que el asesor John R. Bolton, el que más influye en las actuales decisiones del presidente Donald Trump, se pegó un viaje de aquellos con sus opiniones sobre esta zona de conflicto regional.

Complejo Petrolero Vaca Muerta. Foto: Gentileza YPF

Para la actual Casa Blanca este se convirtió en un tema tan fundamental, que disparó el retiro del país del Plan Nuclear Conjunto (PAIC) y, meses más tarde, la que inspiró nuevas sanciones que limitaron sus exportaciones petrolíferas (exceptuando de ello a ocho países para no afectar el precio del petróleo). Tal acción modificó la política que siguió Obama y tiene dos consecuencias que plantean mayores interrogantes. Por un lado el enfoque no cuenta con el respaldo de los países europeos, cuya dirigencia sostiene la validez del acuerdo denunciado, y por Rusia y China naciones que, posiblemente, habrán de seguir recibiendo exportaciones iraníes en desmedro de las sanciones de Washington. Por el otro, que la medida debilitó al sector moderado iraní, de donde surgiera el apoyo del presidente Hassan Rouhani y fue la base interna de esta negociación, un golpe que fortaleció al sector intransigente del Líder Supremo Khamenei, compuesto por la Guardia Revolucionaria y los sectores contrarios a Estados Unidos. El objetivo de Washington, orientado a obtener un cambio de régimen en Irán queda, así, muy lejos de un escenario exitoso, ya que la economía está en una recesión profunda y va a decrecer 3,7% en 2019, el nivel de desempleo rozará el 27% y la inflación va a ser del 31,2%.

Tampoco hubo festejos en el norte de Africa. Aunque Libia, nación que produce 1.000.000 bpd, podría duplicar su producción, el balance político es representativo del fracaso de la Primavera Arabe después de la caída de Muamar Gadafi y su situación social requiere una onerosa y gran intervención exterior. El país está dividido en dos facciones: la encabezada por Fayez al-Sarraj, del Gobierno del Acuerdo Nacional, que desde hace un trienio sólo controla la ciudad de Trípoli –a pesar de lo cual el Consejo de Seguridad de la ONU lo reconoció como la autoridad legítima-. El este de esa nación está a su vez controlado por el Ejército Nacional Libio de Khalifa Haftar, opuesto al antedicho frente. El mediador de la ONU es Ghassan Salamé, cuyo objetivo es celebrar una conferencia internacional que facilite la realización de elecciones nacionales legítimas.

En América Latina, los problemas más serios apuntan a Venezuela. El 10 de enero asumió un nuevo mandato el presidente Nicolás Maduro, quien es el centro de un régimen aislado del reconocimiento internacional, por su condición de contraventor de las reglas básicas de la democracia y los derechos humanos. También existe una crisis humanitaria de proporciones, que incluye el hecho de que gran parte de su población está hambrienta y 2.300.000 ya han dejado el país en busca de subsistir (unos 130.000 de los cuales hallaron refugio en la Argentina). El régimen actual no fue reconocido por Estados Unidos y los demás países de la OEA, ni por la UE. A la ceremonia de asunción de Maduro sólo asistieron los presidentes de Cuba, El Salvador, Nicaragua, Bolivia y un representante diplomático de bajo nivel de El Vaticano. Algunos analistas sugieren que la sanción efectiva de Washington sería condicionar las exportaciones petroleras venezolanas destinadas a las refinerías que se encuentran en el Golfo de México, propiedad de su compañía nacional Pdvsa, que son las únicas capaces de procesar los petróleos pesados venezolanos.

Hace más de 60 años, el ex Presidente Arturo Frondizi escribió el famoso libro “Petróleo y Política”. Uno estima que si fuera reescrito y reeditado, hoy se vería tentado a titularlo “Política y Petróleo”.