viernes, 5 de octubre de 2018
“Justicia en Buenos Aires, horizontes lejanos”, Por Adolfo ATHOS AGUIAR


Por Adolfo ATHOS AGUIAR, para SudAméricaHoy

El Procurador General ante la Suprema Corte de la Provincia de Buenos Aires, Julio Conte Grand, describe con pocas reservas la situación de los sistemas de Seguridad y Justicia del Estado Provincial. Ha empezado a desmoronarse una acumulación profundamente corrupta de factores, que no logra ocultar la participación de estamentos superiores del Poder Judicial Bonaerense. Es una situación anómica y anómala consolidada a vista y conciencia de todos los actores y agentes, durante más de veinte años.
Conte Grand ha dado una entrevista a Carlos Pagni, en la que –como autoridad relevante de la Provincia de Buenos Aires- reconoce la dimensión aproximada del escándalo. El Procurador General de la Corte (apresuradamente descripto como el Jefe de los Fiscales) es el funcionario individual con mayores facultades legales asignadas y poder propio en la Provincia de Buenos Aires. Sus potestades son enormes. Sin embargo, en el decreto de promulgación de la ley el gobernador vetó que esas atribuciones sirvieran a la misión de “tutelar el interés público y las garantías de los habitantes, requerir la justa aplicación de la ley y del derecho, sea en lo concerniente a intereses colectivos, difusos o individuales, y velar por la limitación de su ejercicio abusivo o disfuncional”. Semejante acumulación de facultades fue alienada de su única fundamentación institucional. El veto de Duhalde marcó el hito que anticipaba el curso futuro de la historia tenebrosa del mayor estado argentino.

Poco tiempo más tarde, todo el aparato fue afectado por la reforma Arslanián y la expansión incontrolada de organismos, funcionarios y funciones, enrevesados de tal manera que potenciaron sus ya notables ineficiencia, opacidad e ineficacia. En el camino, y coherentemente con el veto caído, la Procuración y la Corte Provincial arrasaron con una sencilla y potente herramienta judicial prevista en los artículos 168 y 171 de la Constitución Provincial, que pretende definir los elementos mínimos del acto judicial válido. Desde su propia cabeza en el Jaulón Dorado de La Plata, el sistema judicial bonaerense se transformó en una función anodina, sin problemas para ser inicua, que en sus mejores momentos roza apenas la inocuidad.
La penosa gestión de la anterior procuradora, María Falbo, ayuna de cualquier virtud y plena de conductas viciosas, fue apenas la culminación de una degeneración institucional consciente. El hecho que Conte Grand se resista a llamarla por su nombre, da para pensar que espera eludir las necesarias investigaciones, dado el previo acuerdo entre su antecesora y la gobernación, que le garantiza una pacífica jubilación.
El Procurador General aborda de manera un tanto vaga “el problema” del Conurbano bonaerense, al que se refiere como una “especie de alien”. Esta columna ha definido la historia de La Plata como “la parábola entre ser eclipsada por Buenos Aires y digerida por el Conurbano” . Conte Grand, por su parte, dice que “se naturalizó de una manera tenebrosa la utilización de los mecanismos de poder para la realización de actos ilícitos” y que “los corruptos lideraron el sistema del Poder Judicial mediante diferentes mecanismos de captación de la voluntad”. Define a la Provincia de Buenos Aires como un estado al servicio del crimen organizado, aunque la describe como un estado organizador de crímenes. En cualquiera de los dos casos tiene razón. Lo que no podemos evaluar todavía, es si es un gesto de valentía y decisión, o un gesto de desesperación y pedido de auxilio.

En estos aspectos, los ensayos suelen citar a Joseph Conrad: “Solo sé que quien se encadena, está perdido. El germen de la corrupción ha entrado en su alma”. Se usa para resaltar el efecto pernicioso del vínculo personal en las organizaciones gubernamentales. Como forma parte de la dedicatoria de Graham Greene en “El factor humano”, suele adjudicarse a la novela “El Agente Secreto”. Sin embargo, corresponde a Heyst, personaje de “Victoria”. Algunos la traducen como “aquel que forma un vínculo” o “quien se compromete” (el original es “who forms a tie is lost”). El contexto diferente de ambas obras y personajes altera el significado literario y psicológico en Conrad, pero instalada la asociación descubierta por Greene, vale plenamente.
La historia asociada de La Plata como propietaria de la Justicia Bonaerense, es la de minúsculos círculos que pretendieron construir una aristocracia brillante desde módicas burocracias provincianas, validas del aislamiento relativo –geográfica e institucional- de la capital bonaerense. Su propia irrelevancia permitió que cuando el conurbano las fagocitó geográfica y culturalmente, psicológicamente ya estaban asimiladas.
A diferencia de otras organizaciones criminales que buscan el secreto, en Argentina los vínculos y las relaciones brillan en la obscuridad como los senderos de baba de los caracoles. Sostenida la premisa que todos los vínculos son corruptógenos, ninguno debe ser ignorado. Por el contrario, sería fácil analizar su incidencia en la corrupción y la delictuosidad sistémica resultantes.
Aunque la gestión de la gobernadora Vidal está próxima a cumplir tres años los resultados alcanzados son escasos, su voluntad de actuar sobre la patología vincular no ha sido suficientemente implementada, no se han definido metas estratégicas sobre el tema y la posibilidad de obtener resultados con suficiente significación se aleja cada día.