viernes, 4 de octubre de 2013
Las provincias desunidas del Río de la Plata

Mario Oscar CarricartPor Mario OSCAR CARRICART, para SudAmericaHoy (SAH)

José Gervasio de Artigas no solo fue el prócer uruguayo que le dio su independencia al país, sino también quien redactó uno de los mejores proyectos Constitucionales para la República Argentina, que se presentó en la Asamblea del año XIII y que fue desechado por ser el mismo, demasiado federal para las ideas centralistas que imperaban en el gobierno argentino por aquellos convulsionados tiempos.

Mal que les pese a los uruguayos, en los primeros años de la revolución de mayo, Artigas imaginaba una gran nación donde los ríos de La Plata y Uruguay no separaban a la Banda Oriental y a la Argentina sino que las unían.

La mezquindad de algunos dirigentes y la falta de una visión clara del país que se quería, hicieron que Buenos Aires le diera la espalda a Montevideo y que Artigas llevara adelante la idea de independencia del poder español sin el apoyo argentino. De este modo, el sueño de la patria rioplatense del caudillo oriental fue torpemente rechazado.

Pasaron los años y argentinos y uruguayos han sabido crecer y desarrollar relaciones fraternales, siendo el Uruguay casi como un hermano menor para la Argentina, aplicando para las relaciones entre ambos,  aquellas palabras de Artigas cuando dijo sobre la naciente nación uruguaya: “En lo sucesivo solo se verá entre nosotros una gran familia”.

Pero como en toda gran familia, existen los conflictos y nunca son exclusiva culpa de uno. Como dice aquella remanida frase, “siempre para pelear hacen falta dos”.

El nuevo conflicto que se suscitó entre Argentina y Uruguay por la decisión del Presidente Mujica de autorizar, de forma unilateral, el aumento de la producción en la pastera instalada sobre la margen oriental del Río Uruguay, es el desenlace de una serie de desencuentros que se vienen sucediendo en los últimos diez años entre ambos países.

No resulta feliz la decisión del gobierno argentino de acudir directamente a La Haya. Parece excesivo que un conflicto menor como éste, entre dos países hermanos que tienen una historia en común y  años y años de caminar de la mano,  -con sus ciudadanos mucho más integrados que sus gobiernos-, deba ser solucionado por una corte internacional sin siquiera haber mediado negociaciones serias y con verdadera vocación de superación del conflicto.

En los últimos años, entre las distintas decisiones tomadas por el gobierno argentino, -que han afectado de forma directa la frágil economía uruguaya dependiente en forma lógica por cuestiones geográficas y de relaciones-, y el devenir económico de los argentinos, se ha generado una enorme brecha entre ambos gobiernos. A este escenario hay que sumarle las desafortunadas declaraciones de distintos gobernantes uruguayos. Jorge Batlle diciendo que “Los argentinos son una manga de ladrones” o José Mujica al comentar, “esta vieja es peor que el tuerto”,  refiriéndose a la actual Presidenta y a su marido fallecido, el ex presidente Néstor Kirchner, colaboraron al deterioro de las relaciones. Al punto que se torna imposible sentarse a negociar una solución real a un conflicto menor.

Como en todo conflicto familiar, no hay víctimas y culpables sino responsables. Y son directamente responsables de esta tensión, en el Río de la Plata, los mandatarios de ambos países y sus cancilleres y asesores.

El presidente Mujica no es ningún ingenuo, conoce al detalle la política Argentina y no puede negar que sabía las consecuencias de la decisión que estaba adoptando. Mucho más aún si esa medida es tomada casi un mes antes de que en la Argentina se realice una elección donde el actual gobierno está haciendo lo imposible por revertir el resultado que le arrojan las encuestas. ¿Qué esperaba, que el gobierno argentino aplaudiera tal decisión sabiendo que no solo los asambleístas de Gualeguaychú alzarían la voz en contra de esta medida sino también sería aprovechado por todo el arco opositor para restarles más votos a los candidatos oficialistas?

El ex presidente Julio María Sanguinetti, días pasados, declaró en la prensa que el gobierno argentino trata al Uruguay como si fuera una provincia opositora y seguramente no este equivocado en esta apreciación. Pero tampoco se puede negar que los gobiernos del Uruguay, estos últimos años, se han comportado como una provincia opositora, con sus críticas al gobierno argentino, personalizándolas en la figura presidencial  y en momentos políticamente inoportunos.

Hay ocasiones en que a uno lo tratan como se deja tratar, y en todo esto que menciona el ex presidente y senador uruguayo, hay un poco de responsabilidad de los mandatarios uruguayos. Sino, recordar que Tabaré Vázquez celebró un multitudinario acto en la cancha de Ferrocarril Oeste, en la ciudad de Buenos Aires, con la expresa invitación y apoyo del entonces presidente Néstor Kirchner, en ocasión de la campaña electoral que llevó al médico uruguayo a la presidencia de su país.

Por conveniencia, por necesidad y hasta por interés, distintos gobernantes uruguayos se han dejado tratar como una provincia más de la República Argentina, y la prepotencia y la soberbia argentina han sabido sacar provecho de esto. Mientras esta relación era un ganar – ganar, nadie se quejaba pero cuando surgen los conflictos, como en toda familia, afloran las miserias y los reclamos de cada uno.

Argentina debería abstraerse de la coyuntura política y gobernar con políticas de Estado desestimando el pedido de intervención de un tribunal internacional, abriendo un camino de diálogo y negociación serio, realista y desprovisto de las costumbres patoteriles de este gobierno para con quienes se les oponen, con el fin de darle una solución sustentable al conflicto por la pastera.

Uruguay debería, en principio, comenzar a morigerar algunas declaraciones contrarias al gobierno argentino, más propias de un gobernador opositor que de un mandatario de un país hermano y abrir canales de negociación y caminos alternativos de resolución de conflictos.

Así como se necesitan dos para pelear también se necesitan dos para negociar, y ambos pueden superar este conflicto si recuerdan lo dicho por Artigas cuando expresó: “Los pueblos de la América del Sur están íntimamente unidos por vínculos de naturaleza e intereses recíprocos».

Que así sea. Amén