miércoles, 4 de julio de 2018
Manguel pasa página a su etapa en la Biblioteca Nacional

Por Susana REINOSO, para SudAméricaHoy
Al oficializar su renuncia al cargo de director de la Biblioteca Nacional, el reconocido escritor e historiador de la lectura Alberto Manguel puso fin a una ola de rumores que había circulado insistentemente en los últimos días, respecto de su continuidad en el cargo. Y pese a la rotunda negativa del ministro de Cultura de la Nación, Pablo Avelluto, a un periódico, el autor de “La biblioteca de noche” y lector exquisito de Borges dio ayer un paso al costado.
Su sucesora es Elsa Barber, la primera mujer en ocupar el cargo y bibliotecaria de carrera. Barber ya había sido directora interina, tras la designación de Manguel al frente del organismo, quien no pudo asumir de inmediato por compromisos en el exterior. El director saliente ponderó el equipo que logró hacer con Barber dado que él no conoce de tecnologías ni de bibliotecología. Barber fue subdirectora desde 2007, cuando Horacio González era el director y José Nun, hoy marcado crítico del kirchnerismo en el poder, era secretario de Cultura del gobierno de Cristina Kirchner.
Manguel, un reconocido intelectual más que un hombre político, mostró buena cintura durante la minúscula rueda de prensa convocada por el Ministerio de Cultura, a saber con qué criterio pues había sólo seis periodistas. Entre ellos, SudaméricaHoy.

 

Alberto Manguel, Pablo Avelluto y Elsa Barber

Con mucho tacto, por momentos emocionado y algo nervioso, Manguel dijo tres veces que Avelluto le prometió que no habrá más ceses ni despidos en la Biblioteca Nacional, que hoy tiene 870 empleados sobre una planta de casi 1100 que había cuando Avelluto asumió, y con un sistema de ingreso computarizado que permite controlar quién asiste a trabajar y quién no lo hace. Con este sistema se hicieron despidos justificados selectivos, según comentó. Sin embargo, en medio del achicamiento del déficit que el gobierno de Mauricio Macri encara toda la administración pública, no resulta descabellado considera que la probable reducción de la planta de personal del organismo, a cuyos trabajadores el director saliente ponderó (“yo sólo soy administrador del trabajo de decenas de personas que trabajan mucho y lo hacen con sueldos miserables”, dijo Manguel), haya sido determinante para empujar su renuncia.
Durante el encuentro con los medios en el despacho de Barber, que se sentará ahora en el sillón que ocuparon Jorge Luis Borges y Paul Groussac, entre otros, Manguel y Avelluto se mostraron en sintonía, sin la menor tensión entre ambos. Manguel es hombre de diálogo y no parece viable que se enzarzara en una discusión estéril. Es, por lejos, una de las figuras más relevantes fichadas por el ministro dentro de los organismos de Cultura.
Antes bien, la decisión del autor de “Una historia de la lectura” parece el summum de un número de factores, entre los cuales el presupuesto disponible (“$ 649 millones, la tercera parte del que tiene la Biblioteca del Congreso”, se quejó) y la amenaza de una nueva reducción de los empleados, desde agosto próximo, asoman como las razones más poderosas, pese a la negativa del ministerio.
Al inicio de la rueda de prensa nomás, sorprendió la soltura con la que Avelluto -tenso, aunque soltó algunos chascarrillos- y Manguel hablaron del cáncer que el segundo sufrió hace “cinco o seis años” como motivo de su alejamiento. Pese a estar curado, el director que se retirará el 1° de agosto de la Biblioteca, afirmó que su médico en Estados Unidos le recomendó parar el ritmo de trabajo y bajar el estrés. Dijo que su hijo, que se casará en septiembre en aquel país, le advirtió: “Si llegás a morirte en la Biblioteca te mato. Tengo que respetar esas cosas, tengo a mis hijos, dos nietas, y a mi compañero en Nueva York”.

Manguel y Elsa Braber

Tanta espontaneidad para hablar de una enfermedad terminal aumenta la sospecha -de eso también se trata el periodismo- de que podría ser el motivo de menor peso en la renuncia del director. Y que “el shock” en que quedaron sumidos la subdirectora Barber y los empleados, según palabras de la sucesora, tiene que ver más con el futuro que con el presente. Barber intentó ayer referirse un poco a la crisis general que vive el país, pero rápidamente fue interrumpida por Manguel, quien pidió llevar tranquilidad a los empleados. La insistencia de Manguel al subrayar: “No va a cambiar nada (con su salida). Yo creo en la palabra de Pablo que me prometió que no va a haber despidos ni cambios estructurales” deslinda su responsabilidad de cara al futuro, en caso de que las versiones de reducción de personal se confirmaran.
Durante los dos años de gestión, el intelectual argentino-canadiense puso al servicio de la Biblioteca Nacional un sinnúmero de contactos importantísimos que le permitieron firmar más de 30 convenios con instituciones pares a nivel internacional, lo que no sólo incluye programación y actividades para la Biblioteca, todo de asistencia gratuita, sino también capacitación para los empleados. Como las que realizarán bibliotecarios en el Vaticano y Postdam.
Intelectuales de prestigio mundial como Margaret Atwood o la psicoanalista Elisabeth Roudinesco han sido visitas estelares durante su gestión gracias a sus contactos personales. Y, pese a su alejamiento, deja programadas actividades para los próximos dos años, dijo ayer, con la expectativa que Barber extienda las 3000 actividades culturales realizadas durante este tiempo. Anunció además, como primicia, la llegada en noviembre de Salman Rushdie al país.
Casi como un balance de gestión, Manguel subrayó que se abrirá la semana próxima el Centro de Lectura Infantil y Juvenil, otro destinado a los pueblos originarios y que la creación del Centro de Estudios Internacionales Jorge Luis Borges está asegurada, porque la devolución del edificio de la calle México a la Biblioteca se concretó y existe presupuesto para avanzar. Este año habrá además una exposición dedicada a la historia del libro. “La Biblioteca tiene hoy una identidad de la que puede estar orgullosa y eso se debe exclusivamente por la calidad de la gente que trabaja aquí”, señaló.
“Una Biblioteca es un proyecto que nunca acaba. Cuando acaba el proyecto, la Biblioteca muere”, dijo al responder una pregunta de SudAméricaHoy respecto de lo que deja pendiente al renunciar.