Domingo, 12 de Febrero de 2017
Susana Malcorra tiene la palabra


Por Carmen DE CARLOS

Los “Coloquios desde la Embajada de España” de Buenos Aires, arrancaron este año con la ministra de Asuntos Exteriores, Susana Malcorra. La “Canciller”, como se conoce en este país al jefe de la Cartera de Exteriores, ofreció un tratado de buen hacer -y decir- sin levantar ampollas en la piel –a veces demasiado fina- de nadie. Responsable de tender puentes donde en los últimos años hubo océanos de distancia (en sentido figurado y real) Malcorra habló de cómo se reconstruyen las relaciones entre España y Argentina después de la etapa “Kirchner”. Lo hizo con diplomacia, con ese estilo consustancial a la naturaleza de una persona que conoce el mundo y su país.
En esa línea apreció las oportunidades que ahora tienen Argentina y Mercosur con Europa y con el resto de los países que se han visto obligados a recalcular sus políticas, tras el manotazo de Donald Trump que puso a temblar todo el tablero internacional. El presidente de los Estados Unidos, sin tener voluntad de hacerlo, puede haber convertido en oportunidad una desgracia. El tiempo, ese que concede hasta el Papa, como recordó la ministra, definirá el verdadero ser y despejará las dudas que sobrevuelan la nueva Administración “made in USA” , de menos de un mes de vida.

Susana Malcorra, ingeniero de 62 años, es la segunda mujer en la historia de Argentina en tomar las riendas de un caballo difícil de domar como es el Ministerio de Asuntos Exteriores (la primera fue Susana Ceruti que duró un par de meses, los últimos de la gestión de Raúl Afonsín). Héctor Timerman, su antecesor, (de triste recuerdo para argentinos y extranjeros), pasó por el ministerio como Atila y le dejó a Malcorra un terreno, prácticamente, en barbecho que ha tenido que abonar con no pocas dificultades.
El aterrizaje de una mujer que no era de “de la casa” y  en simultáneo aspiraba a ocupar la Secretaria General de la ONU (fue jefa del Gabinete de Ban Ki Moon), fue recibido bien por pocos y mal por un número superior. La derrota de Malcorra frente a Antonio Guterres, visto lo visto, fue bueno para el Gobierno de Mauricio Macri pero su triunfo, también habría sido una victoria, más formidable aún, para Argentina. Aunque algunos parecen no entenderlo.

La Canciller acudió puntual a la cita en la Embajada de España. Stanislao de Grandes, excelente anfitrión y diplomático de pura raza, ejerció sus buenos oficios como “dueño de casa”, expresión muy argentina que no deja de sorprenderme. Malcorra estuvo abierta a todas las preguntas. Las respondió con firmeza y elegancia, incluida aquella en la que reconoció: “Las mujeres están subrepresentadas, sobre todo en los lugares de poder… Las cosas solo se cambian desde el poder y lo demás es puro cuento”. Por si alguien tenía dudas, insistió, “Hay una enorme distancia entre lo que debiera ser y lo que es”.


La Canciller fue generosa en su introducción y sus explicaciones. También, sorprendió con el uso de “la inteligencia emocional” con la que sedujo a un auditorio atento y conocedor de la política, las empresas y las letras. “Si el resto de los miembros del Gobierno comunicaran con la calidez y rigor como lo ha hecho ella hoy, les iría mejor”, observó una histórica periodista de televisión. Gerentes Generales y altos ejecutivos de bancos y grandes empresas (Gas Natural Fenosa, Telefónica, BBVA, Grupo Clarín, etc) advirtieron y descubrieron, en “Los coloquios desde la Embajada”, un nuevo rostro de una Canciller que hizo honor a su cargo.

María Kodama, viuda de Jorge Luis Borges, Carola de Grandes, y la embajadora de Italia, Al fono, el diputado Eduardo Amadeo y el ex embajador de Argentina en España y escritor, Abel Posse