domingo, 8 de abril de 2018
«Brasil y Lula, otro mundo de justicia», por Carmen DE CARLOS


Por Carmen DE CARLOS, para SudAméricaHoy

Genio y figura, Lula se entregó. Lo hizo a su manera, en su ley que no es la misma que defendía cuando fue presidente, pero lo hizo. Antes, dio su discurso, una exhibición de retórica, de palabras rápidas envueltas en el falso victimismo del que se cree el mesías.»Todos ustedes serán Lula y caminarán por este país haciendo lo que hay que hacer. Mis ideas están en el aire, y no hay como detenerlas», proclamó. Como en los viejos tiempos de campaña, dijo de todo aunque  poco o nada fue cierto: «Cometí el crimen de poner pobres en la universidades, negros en la universidad, pobres comiendo carne, viajando en avión. Por ese crimen me acusan», mintió. Lula cayó por el famoso triplex pero es un secreto a voces que hay más y que lo hubo, desde que se instaló ocho años en el Palacio de la Alvorada de Brasilia.


Entre la calle, la razón y la justicia, Lula volvió -por unas horas- a quedarse con la calle pero no pudo esquivar la ley. Maestro del efectismo ejerció de viudo que pone por delante el aniversario de la difunta Marisa, como si fuera el dueño del Juzgado, a la orden de detención. Y las masas, que ya no son tantas, le blindaron por un rato de los jueces (dos condenas en dos instancias diferentes).

El ex presidente sería el más votado si pudiera presentarse a las elecciones. Un 35 por ciento dice que apostaría por él en las urnas pero se quedará con la ganas. No podrá ser candidato. Cuando al PT se le pase la pataleta se pondrá a trabajar, a inventar una alianza o hacer un frente a la uruguaya. Lo que sea que sirva para sustituir a Lula. La ausencia en el Congreso y el Senado, es sinónimo de debilidad y evidencia de falta de fueros. Esto, para la clase política brasileña, hoy se paga, como Lula, con la cárcel.
En Brasil estos días la corrupción no se perdona. Se empezó por abajo y se llegó al ídolo de pies de barro y manos largas. Los que lloran porque Michel Temer y los otros son peores y siguen libres, no saben o saben demasiado bien lo que dicen. Prefieren a todos los corruptos libres antes que a unos pocos presos. Pero a Temer, inmune mientras esté en la Presidencia, también le harán el paseíllo al calabozo, como a los diputados y senadores que abandonen su escaño.

Brasil hoy es otro mundo, difícil pero más cerca de la justicia que del abuso y la trampa. Al menos, en el Poder Judicial.