lunes, 14 de diciembre de 2015
El tesoro envenenado del Galeón San José


Juan RestrepoPor Juan RESTREPO, para SudAméricaHoy

En mala hora se le ocurrió al presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, anunciar el hallazgo del galeón San José, el Santo Grial de los hundimientos marinos. Justo en el momento más dulce de las relaciones entre Colombia y España, cuando gracias a los buenos oficios de este último país los colombianos vuelven a tener la posibilidad de viajar a Europa sin las extenuantes gestiones previas que suponía la consecución del visado Schengen, y cuando España se siente más involucrada en el proceso de paz que se vive en el país sudamericano.

En forma muy torpe, sin medir las reacciones de su declaración y recién llegado de Madrid, Santos anunció –revistiendo el anuncio de exclusiva periodística en una red social— que la armada colombiana había encontrado el barco español hundido por los ingleses frente a Cartagena de Indias el 8 de junio de 1708 cargado de oro, plata y piedras preciosas de los virreinatos de Nueva Granada y Perú.

Por tratarse de un hallazgo arqueológico de gran valor lo correcto habría sido que el anuncio lo hiciese un científico, un arqueólogo, involucrado en el manejo de algo que, aunque Colombia no haya suscrito la Convención de la Unesco sobre el Patrimonio Subacuático, se trata de un bien de interés para la Humanidad.

Involucrándose directamente con el hallazgo y reivindicando la propiedad del mismo para los colombianos, Santos se ha expuesto a los reclamos directos que ahora le hacen desde España, desde Perú, desde Ecuador y quién sabe si desde Panamá por donde también pasó la mayor parte del tesoro.

Como era de esperarse, el anuncio presidencial desató en Colombia el nacionalismo que aquí, como en todas partes del mundo es cerril, irreflexivo y ciego. A casi nadie se le ocurre en Colombia que ese hallazgo pueda ser compartido con España o, lo que en mi opinión sería el ideal, que España pudiese participar en su preservación como bien de la Humanidad.

Así que al excitado nacionalismo colombiano de estos días por cuenta del mensaje presidencial sobre el hallazgo del San José, le propongo un ejercicio que podría ser de utilidad, partiendo de un hecho histórico que todos conocen. Ucronía pura.

Entre los episodios que desembocaron en la separación de Panamá de Colombia el 3 de noviembre de 1903, hubo uno importante protagonizado por el buque Nashville. Ese barco norteamericano, al mando del comandante John Hubbard, estuvo fondeado en aguas del puerto de Colón con el encargo de retrasar el desembarco de tropas colombianas en dicho puerto, que pudieran interponerse en los designios de Washington para el istmo.

Vamos a suponer que, dadas las circunstancias y ante el inminente desmembramiento del istmo del territorio colombiano, el gobierno de Bogotá hubiese dado a su Armada la orden de evacuar hacia Cartagena bienes de gran valor antes de que eso ocurriese. Pónganle ustedes el valor que quieran o la importancia que les parezca, en todo caso imaginemos un tesoro de gran entidad.

En medio de los confusos episodios de aquellos días, el comandante Hubbard hunde el barco de bandera colombiana junto con el tesoro y en el incidente, además, pierden la vida unos cientos de colombianos que tripulaban el navío.

Siguiendo con las hipótesis, el presidente de Panamá, Juan Carlos Varela, anuncia que la armada de su país ha encontrado aquel barco y proclama orgulloso: “Ese tesoro es de los panameños, solo de los panameños”. ¿A alguien le extrañaría que Colombia reclamase como suyo ese tesoro? ¿A alguien le parecería raro que Colombia por lo menos se interesase por su suerte? ¿Resultaría incomprensible que Colombia pretendiese una parte del hallazgo?

Haría bien Santos en no envolverse en la bandera nacional con el asunto del San José y considerar que, además de la exención de visados Schengen que debe a España, ese país europeo apoya en este momento el ingreso de Colombia en la OCDE; que España ha promovido la creación de un fondo fiduciario para financiar la etapa del posconflicto en Colombia; abandera una misión de la Unión Europea que controle el desminado, el desarme y la desmovilización de la guerrilla; y promueve una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU que blinde el acuerdo con las FARC frente a la Corte Penal Internacional.

Santos escogió mal el momento y la manera del anuncio y, por si fuera poco, trata el hallazgo como un tesoro en lugar de como un bien cultural, gracias a una ley promulgada por el Congreso que, ávido y codicioso como es ese cuerpo legislativo colombiano, promulgó una ley que permite vender parte de este tipo de hallazgos, una barbaridad que nada tiene que envidiar a la destrucción de los budas de Bamiyán por parte de los talibanes o la voladura de la ruinas de Palmira por parte de Daesh.