sábado, 7 de octubre de 2017
El arduo proceso de la reconstrucción

“No hay muerte natural; nada de lo que sucede al hombre es natural puesto que su sola presencia pone en cuestión al mundo. Todos los hombres son mortales; pero para todos los hombres la muerte es un accidente y aun así la conoce y la acepta, es una violencia indebida”

Simone de Beauvoir”

Por Federico PONCE ROJAS, para SudAméricaHoy

Pablo Neruda en su magnífica obra “Confieso que he vivido” describe su paso por Nuestro país y reseña: México, el último de los países mágicos; mágico de antigüedad y de historia, mágico de música y de geografía.
Y no hay en América ni tal vez en el planeta, país de mayor profundidad humana que México y sus hombres. A través de sus aciertos luminosos, como a través de sus errores gigantescos, de vitalidad profunda, de inagotable historia, de germinación inacabable.
Nada más descriptivo para los momentos de dolor que vive México cimbrado por los terremotos, azotado por huracanes embates de la naturaleza brutales y todo en pocos días.
Un México solidario y valiente que encaraba lo mismo en Oaxaca que en Chiapas la tragedia de sus muertos y la destrucción de sus moradas.
Se dice que más de 250 mil mexicanos perdieron sus casas, nadie sabe, la lección: “corrupción criminal pésima constructora que ha cobrado ya muchas vidas”
Según estadísticas las probabilidades de que dos grandes terremotos se produzcan casi en secuencia son relativamente bajas, sin embargo nuevamente la tragedia se ciñó sobre la CDMX doce días después del primer golpe mortal, centenares de muertos en la zona más poblada de nuestro país.
En estas desgracias la muerte no sometió a los mexicanos ni fue aceptada su llegada, la solidaridad la enfrentó venciéndola en muchos casos, jóvenes acusados de letargo se hicieron de las calles y la ayuda llegó como respuesta inmediata.
Sociedad y gobierno se hicieron uno, el quehacer del gobierno se desprendió de los políticos y estos perdieron en su inacción el poco capital que les quedaba ante una sociedad que se levantaba vestida de heroísmo.
Los costos son enormes, una muerte era ya suficiente para entenderla como violencia indebida; son centenares de pérdidas humanas que no se apartan del mito relatado por Octavio Paz: ¿Qué es la muerte? No hemos inventado una nueva respuesta. Y cada vez que nos la preguntamos, nos encogemos de hombros: ¿Qué me importa la muerte, si no me importa la vida?”
Este México, el de hoy sí que le importa la vida y luchó por ella ante la alevosa adversidad de la desgracia.
Las cifras no alcanzan a contabilizar los costos económicos, los años se escapan de la cuenta de la reconstrucción.
Mexicanos divididos, unidad fracturada de repente se encaró con desgracias mayúsculas que abrían las puertas de la reconstrucción, el dolor primero y el sufrimiento después, encontraron en la solidaridad el bálsamo social para reinventarnos como pueblo unido, luchador y justo.
El desafío es enorme, la decepción en la clase política, en tiempos de política nos hace volver a la incertidumbre y la desconfianza.
Políticos mesiánicos que insisten en la división que se arropan con túnicas de bondad y esperanza, hicieron del rechazo la divisa de un pueblo harto que al encontrase asimismo en la desgracia, destierra estos falsos redentores y sus promesas imposibles de cumplir.
Las fuerzas políticas en sus luchas de todo contra todo se aíslan de la voluntad de un pueblo que se reconoce y se reinventa ante el dolor de la desgracia y que se aparta del sufrimiento cobijado en entrega apasionada a su nación, desgarrada por fenómenos naturales, pero en proceso de reconstrucción inmediata como respuesta a esta violencia indebida.
La maldita delincuencia y corrupción, no estuvieron ausentes en estos trágicos momentos, avivaron el fuego del temor y oscurecieron el camino de la reconciliación, pero no estrechó sus avenidas y se hizo más consiente la necesidad de la lucha sin tregua de este mal social.
La resiliencia del mexicano es notable, su capacidad para adecuarse al desastre no se hizo esperar y casi al tiempo de la catástrofe arrancaba la ayuda y el apoyo ante situaciones sumamente adversas. El proceso comunitario ordenado en ocasiones y desbordado en otras, estaba presente, el rescate, la protección y el desafío de la reconstrucción nuestra compañía.
Las tareas de las Fuerzas Armadas han sido consistentes, oportunas y diversas. Los esfuerzos para no cejar en su lucha permanente contra el narcotráfico y la delincuencia organizada, se multiplicaron para dar apoyo con su plan DNIII Y MARINA a toda la población civil afectada, cubriendo todas las necesidades que la emergencia exige en estas circunstancias.
Los mexicanos no habremos de olvidar estos días aciagos, “todos perdimos algo”. Transitamos de la vulnerabilidad a la fortaleza de la solidaridad, unidos vimos emerger a una juventud vital creyente en el cambio y avance de una nación que no se arredra ante la fuerza destructiva de la naturaleza; las instituciones respondieron bajo la mirada enérgica de sus gobernados, trabajo conjunto, hombro con hombro buscando acelerar el proceso de reconstrucción sin abandonar la ardua tarea del rescate, remoción dramática de escombros a mano las más de las veces. Poca agua y poco alimento, pero mucha enjundia y valor.
Los mexicanos recibimos muchas muestras tangibles de solidaridad internacional y sobresaliente de mexicanos en el extranjero, todos sumaron uno.
La ayuda de propios y extranjeros no se midió en recursos materiales, la medida fue su voluntad de dar y partió desde una botella de agua, un kilo de tortilla, hasta camiones, navíos y aeronaves repletas de víveres, todo ello en una sola expresión: el amor a México.
Ahora viene el arduo proceso de la reconstrucción, el reencuentro, la reconciliación, oportunidades que desgraciadamente son producto de la desgracia.
Se acercan tiempos políticos, la reticencia social estará aguardando y cobrará facturas, hace unos días Carstens Gobernador del Banco de México, señalaba: “Para que México alcance un verdadero desarrollo económico, es indispensable combatir la impunidad y la corrupción”
La palabra la tienen ahora los mexicanos que vencieron la adversidad y la tragedia.