domingo, 15 de diciembre de 2019
«De tal palo tal astilla», por Alfredo Behrens e Inés Medeiros

Por Alfredo Behrens[1]/Inês Medeiros[2]

Hace más de un siglo que América Latina persigue en vano a los Estados Unidos, pero lejos de alcanzarlo, viene aumentando la distancia que la separa del líder regional. Tan grande es la brecha y tan distante la posibilidad de equiparase, que más bien quien puede se muda para los EE UU, claudicando así al propósito de recrear um mundo parecido en su propia tierra.

A este fenómeno muchas de las mejores cabezas del Norte y del Sur han buscado explicaciones y ofrecido soluciones, pero seguimos perdiendo. Aquí sugerimos una explicación complementaria.

Es cierto que Benjamín Franklin recomendaba el uso parsimonioso de los recursos atizando a los norteamericanos con aforismos del tipo “El tiempo es oro”. También hay algo de verdad en que los protestantes son diferentes de los católicos en su manera de ver sus mundos, sin embargo, no se reduce a una interpretación simplista atribuida a Max Weber, según la cual los protestantes acumularían y los católicos derrocharían sin previsión de futuro.

Aún así, no creo que sean éstas la mayores diferencias que expliquen  el reiterado fracaso en la tentativa de cerrar el hiato. A nuestro juicio, la diferencia más importante radica en que la opción protestante, al darle las espaldas al clero, preconiza una ruta a la salvación del tipo hágalo usted mismo, tornando al individuo responsable por su destino. Quien sabe sea por eso que la opción protestante enfoca en el Antiguo Testamento, y con eso en Moisés y su liderazgo hacia la tierra prometida. Los Estados Unidos construyeron su identidad repitiéndose versiones de la misma historia de Moisés: una meta y un camino y sobre ella construyeron su estilo de administración.

Puede que nuestra perspectiva les parezca exagerada, pero veamos. Las historias americanas icónicas tienen metas y caminos. Moby Dick es un ejemplo: cazar a la ballena y el camino hacia ella, decía el capitán Ahab, lo tenía grabado en su mente como si fuera una vía férrea. Dorothy, del reino de Oz sólo podía volver a su casa – su meta – siguiendo un camino de ladrillos amarillos. En Apocalipsis Now, Cópola tiene al Capitan Willard navegando por un río para llegar a su meta: neutralizar al Coronel Kurtz. El Coyote busca atrapar al Correcaminos, pero ninguno puede salir del camino; y por ahí vamos.

Los norteamericanos crecieron con historias que tienen metas y un camino a seguir. En su administración hay metas y caminos definidos con el uso parsimonioso de recursos, a la Franklin. Las técnicas de administración que desarrollaron se ciñen a la mentalidad que fue forjada por la religión y consolidada en sus historias. La armonía, entre la mentalidad construida y el estilo de administrar, facilita el compromiso de los colaboradores en las empresas, del que deriva la innovación y la alta productividad de los norteamericanos.

En cambio, en la literatura iberoamericana no hay metas ni tampoco hay caminos o uso juicioso de recursos. Hay viajes, nunca solos, y las metas son difusas, desde, por ejemplo, El Quijote, que lanza en mano salió a deshacer entuertos.  O desde Los Lusíadas, donde el poeta portugués Camões ensalzó el coraje y la curiosidad que movía a los exploradores portugueses, como si la vida fuera una aventura a ofrecerla a Dios. Tanto es así que por nada el matador encara al toro en el momento de la verdad, o es como Calderón de la Barca puso al alcalde de Zalamea a enfrentar a la autoridad tan solo por su honor, o es como Lope de Vega puso al pueblo de Fuenteovejuna a levantarse por lo mismo. En esa matriz idealista, enraizada en el desapego al punto del martirio, es que se forjó nuestra literatura. Mientras que los norteamericanos transformaron el foco en una virtud, nuestro foco está en la virtud y para honrarla nos resulta de mal gusto escatimar recursos.

Por todo esto es que la administración de los americanos, que le viene como anillo al dedo, nunca podría haber dado los mismos resultados cuando aplicada a nuestra gente.  Pero de alguna forma, nosotros perdimos nuestro camino. Es como si, huérfanos de nuestros profetas, y con nuestros altares destruidos, hubiéramos aceptado como nuestra una religión administrativa que no nos llena porque no casa con las imágenes que hemos construido de nosotros mismos.



[1] Alfredo Behrens, Ph.D. por la Universidad de Cambridge, es miembro del Consejo Asesor del Global Studies, Think Tank de la Universidad de Salamanca, donde enseña temas relacionados con el liderazgo y su email es behrens@usal.es. Es autor de varios libros galardonados, entre ellos Gaucho Dialogues, premio ILBA 2018, sobre las insurrecciones en América Latina. Está en año sabático de FIA Business School, São Paulo.

[2] Inês Medeiros es licenciada en Psicología por la Universidade de Porto, Portugal. Es consultora comercial en los campos de cultura y desarrollo humano en São Paulo, donde fundó y dirige Values Move https://www.valuesmove.com. También es socia y entrenadora del Barrett Values Center.