domingo, 17 de junio de 2018
“Días aciagos”, por Federico PONCE ROJAS


“Las muchas promesas disminuyen la confianza”, Horacio

Por Federico PONCE ROJAS, para SudAméricaHoy

Próximos a la elección más grande de la historia de México en la que se decidirá la presidencia de la república y 3,400 cargos más, los mexicanos hemos vivido días aciagos en los meses recientes; hartazgo, molestia y desprecio por un proceso electoral plagado de acusaciones, mentiras, insultos y ninguna propuesta o proyecto que genere confianza y si, muchas promesas de realización imposible.

El país atraviesa una verdadera crisis, sumido en una violencia inaudita, aproximadamente 15 mil homicidios dolosos en lo que va del año, de estos más de un centenar de políticos y periodistas ultimados.

Un México que se irrita ante estos hechos, pero más ante la posibilidad de que los perpetradores de esta violencia brutal pudiesen ser perdonados quedando las víctimas en un verdadero estado de indefensión y generando más violencia e impunidad.

Terribles desencuentros recientes con los EUA hacen que hoy nuestra economía se debilite de manera tangible, el tercer y último debate presidencial fue más de lo mismo. Ignoran que México es un país de leyes, las invocan a conveniencia y politizan la justicia, vulnerando la democracia republicana.

Candidatos, los cuatro sin excepción, que ignoran o se mofan del orden jurídico del estado mexicano, imputados los tres de partidos, han hecho de la PGR un campo de batalla política. El riesgo de politizar la justicia es cometer la más grande de las injusticias negándole al derecho el lugar que le corresponde en el estado. La corrupción fue el denominador común.

Vagos comentarios sobre el TLCAN, a pesar de que el punto inicial del debate era “Crecimiento económico, pobreza y desigualdad”, (mientras tanto el tipo cambiario por encima de los 21 pesos por dólar).

Las referencias sobre la reforma educativa, un verdadero galimatías.

Sumado a lo anterior, la utilización de encuestas para manipular el voto hace de este proceso electoral el más violento y desaseado del que se tenga memoria, una democracia que no avanza, por el contrario, retrocede a los tiempos más infames del caudillaje.

Encuestas viciadas, sesgadas y utilizadas a conveniencia, impiden que la votación sea producto de reflexión y atajan las convicciones del votante con la mal llamada “intención del voto”. Así pues, en el momento de contestar encuestas, la ciudadanía lo hace con desinterés o incertidumbre (o simplemente no contesta), con un ánimo que va cambiando día a día en la medida en que la guerra sucia de unos contra otros arrecia. Las encuestas no deben influir los estados de ánimo del ciudadano y el voto tiene que ser motivo de una profunda reflexión sobre quien promete lo que podrá cumplir y no soluciones irrealizables, en suma, por la mejor opción para nuestro país.

Estas campañas ofensivas, plagadas de violencia moral y física, carentes de proyectos, opacan una realidad de un México que a contracorriente se desarrolla, crece y busca denodadamente armonía y paz.

Los logros obtenidos que son muchos, se minimizan particularmente con la excesiva violencia, con las mentiras y los engaños de quienes ofrecen a diestra y siniestra, a sabiendas de que su cumplimento es irrealizable por los tiempos y por las formas de un orden jurídico que desprecia tales ofertas políticas.

Las encuestas realizadas a la fecha no pueden dar el triunfo a nadie, estudios de mercado basados en aspectos meramente aritméticos nos dan cifras que no atribuyen a ninguno de los candidatos las ventajas o posiciones que argumentan y que alardean ya como presuntos ganadores de la contienda presidencial.

La población encuestada es solo una pequeña muestra, de un universo de 87 millones 879 mil 838 ciudadanos inscritos en el padrón electoral, más de la mitad mujeres con más del 30% de jóvenes.

Una muestra con mil encuestados aproximadamente da un 28% que corresponde a los indecisos, del otro 72% la mitad señala que votaría por uno de los candidatos que argumenta ser el puntero, es decir un 36%, la mitad de los que sí saben por quién votaría de la muestra encuestada, la suma de ese 36% más el 28% darían 64%, cifras muy relativas perdidas en un universo de votantes.

No se trata de hacer cálculos complicados y enredosos, simplemente mostrar lo engañoso que las encuestas pueden ser y que lo realmente cierto será, cuando se concluya con el conteo al cierre de la elección el 1 de julio.

No hay causa perdida, México seguirá de pie luchando y esforzándose, pero, la conducción de nuestro país requiere hoy más que nunca de un gobierno confiable que atienda con inmediatez la crisis en la que hoy estamos sumergidos y que a la par, conlleve acciones dignas, firmes y confiables para enfrentar los retos de fuera y dentro y que atentan contra la soberanía y la seguridad de nuestra gran nación.

No hay cabida para recetas mágicas ni promesas ilusorias, es tiempo de fortalecer, lo hecho, lo alcanzado, con entrega, experiencia, voluntad, convicción y profundo amor por México.

Votemos como resultado de una profunda reflexión y con la convicción de que quien merezca nuestro voto, conduzca los próximos destinos de nuestro gran país y, será la persona adecuada.

México no merece más días aciagos!


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