viernes, 15 de enero de 2021
«Vikingos en el Capitolio», por Alfredo BEHRENS

Por Alfredo BEHRENS, para SudAméricaHoy

El impeachment express de Trump, por lo expedito de la cosa, tiene algo del que le aplicaron a Fernando Lugo en Paraguay, a Dilma Rousseff en Brasil o aún a Evo Morales en Bolivia. Todos hicieron trampas, pero a estos se las tenían juradas y cayeron. ¿Qué sería lo que lleva a que unos tramposos se salgan con la suya y otros no?

En el caso de Trump es relativamente obvio, le sacaron la alfombra por debajo de sus pies en su momento más frágil. Trump había perdido una elección y se pasó de vivo al azuzar a sus huestes para violar los derechos de la mayoría. Una mayoría exigua, dígase de paso, pero mayoría al fin.

Pero más allá de las circunstancias de cada uno, lo que también llama la atención de la toma del congreso americano el día de reyes, es la naturaleza del circo. Hubo violencia sí, pero ¿qué hacía un Búfalo Bill tranvestido de viking ahí? Había banderas confederadas, pero también había referencias a dinosaurios y más. En la diversidad de los símbolos hay evidencia de desunión, pero esto suele ocurrir al comienzo de los movimientos. Sin embargo, los símbolos funcionan, como el de aquel Búfalo Bill, que hasta se convirtió en la cara del movimiento.

La interpretación de los símbolos nos interesa porque en la cultura ibérica, de un lado y del otro del océano, pareciera que se perdió la noción de la fuerza de los símbolos. Tal vez debilitados por el triunfo del racionalismo protestante, pareciéramos haber perdido la fe en nuestra fuerza. Nuestros líderes no tienen de dónde agarrarse para reunir a sus gentes. Chávez lo hizo relativamente bien al cubrirse con Simón Bolívar. Pero ninguno de los muchos insurgentes argentinos ha creído que podría enarbolar alguna bandera que les uniera.

Ni qué hablar de las gentes de negocios, que de no ser por los logos de sus empresas, no tienen ni idea de una bandera mayor que el dólar. Ya Elon Musk, tiene una bandera, la “conquista del espacio”. Puede que la conquista del espacio no tenga mucho apego para ti o para mí, pero a Musk no le importa, porque a él sí le funciona. Lo triste es que nuestros líderes, de la política o de los negocios, no tienen banderas. Sin ellas no saldremos del marasmo, y Trump, casi se sale con la suya.