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Discurso de Gabriel Boric
Buenos Aires, 15 dic (EFE).- El MSC Splendida, un imponente crucero de 16 pisos de altura con capacidad para albergar a unos 4.000 turistas, atracó hoy en el puerto de Buenos Aires convirtiéndose en el navío más grande que jamás haya ingresado en la capital argentina.
Procedente de la ciudad brasileña de Santos, el buque recorrió diversos puertos de Brasil y Uruguay hasta llegar a Buenos Aires, un paseo de lujo de siete días cuyo precio varía entre los 4.000 y los 6.000 euros.
Cerca de veinte bares y restaurantes, una discoteca, numerosas piscinas y jacuzzis y espectáculos musicales son algunas de las atracciones más jugosas de este crucero, que se encuentra varado en el puerto de Buenos Aires hasta mañana, miércoles.
«Es un orgullo y una oportunidad para el turismo en Argentina», afirmó a Efe el director ejecutivo de MSC Cruceros, Roberto Fusaro, quien explicó que para hacer llegar el barco hasta el puerto han tenido que afrontar «más de un año de trabajo» entre el personal técnico y la Prefectura argentina (guardacostas).
Para Fusaro, la llegada de este crucero a Buenos Aires es una «estupenda noticia» para el turismo, ya que conecta pasajeros de Brasil con Uruguay y Argentina, y afirmó que trabajan para que en poco tiempo sean los pasajeros argentinos los que puedan viajar hacia otros países.
El director comercial de la compañía, Javier Massignani, consideró que la llegada del MSC Splendida a la capital argentina ha sido fruto de un intenso trabajo de colaboración entre la empresa y el Ministerio de Turismo de Buenos Aires.
Dentro del barco, las zonas de ocio se dividen en «experiencias temáticas», adaptadas a las preferencias de los viajeros y, además de los servicios habituales de un crucero, los pasajeros pueden disfrutar de un simulador 4D, una pista de bowling, o de una sala de cine.
Luis, quien disfruta de la lectura de un libro en una de las tumbonas frente a las piscinas de la cubierta, con vistas a la ciudad de fondo, asegura que la experiencia es «totalmente recomendable».
A punto de entrar al barco, Jose, quien viaja por cuarta vez en el crucero, reconoce que la música, las piscinas y todo el ocio te hacen entrar «en un mundo diferente».