lunes, 10 de marzo de 2014
Alvaro Uribe, el regreso del presidente que nunca se fue

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Bogotá. Por Ana GÓMEZ/Efe/SAH

Incansable y decidido a dejarse la piel por su proyecto en Colombia, el expresidente Álvaro Uribe consiguió un escaño en el Senado de 2014-2018, lo que pone fin a cuatro años tras bambalinas y abre un nuevo periodo de su personalista visión política como peso pesado en la cámara Alta.
Desde Twitter y en actos públicos, Uribe se convirtió en los últimos cuatro años en el principal opositor de quien fue su aliado, el actual presidente y candidato a la reelección Juan Manuel Santos, por lo que decidió reivindicar su papel en el panorama político de la única manera posible: en el Congreso.
El exmandatario, de 61 años, agotó entre 2002 y 2010 los dos mandatos en la Presidencia que permite una ley electoral modificada precisamente para permitir su reelección, por lo que Uribe anunció en septiembre pasado su retorno al Congreso con su movimiento, el Centro Democrático.
Lo hizo como cabeza de la lista cerrada que este movimiento presentaba al Senado y de la que finalmente clasificaron 20 nombres, encabezados por él, convirtiéndose así en la segunda fuerza política por detrás del oficialista Partido de la U, que consiguió un escaño más.
Uribe celebró el «nacimiento» de su movimiento al conseguir la representación de 20 senadores, pero lo cierto es que no alcanzó la mayoría que auguraban las encuestas.
Mientras otros ex presidentes colombianos salieron de la Casa de Nariño con un bajo perfil, Uribe es el primero que se somete a las urnas para volver al Senado, donde ejerció en la década de los 90, al considerar que la situación del país exige que se recupere «el rumbo de confianza».
Uribe dejó la Presidencia en 2010 con una popularidad del 75 % y un intento frustrado por la Corte Constitucional de convocar un referendo que permitiera su segunda reelección.
Si bien su Gobierno ha sido identificado como la era más implacable contra la guerrilla que abrió las puertas a la inversión extranjera y al desarrollo en Colombia, también se le achaca haber consentido delitos de lesa humanidad como los «falsos positivos» en el seno del Ejército y otros escándalos de corrupción.
Impuso su política de «seguridad democrática», facilitó un acuerdo de paz con las temidas Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) y sentó las bases para la desmovilización de decenas de miles de hombres en armas, entre guerrilleros y paramilitares que están próximos a salir de la cárcel.
Confiado en que Santos, a quien cedió sus banderas en las elecciones de 2010, seguiría sus pasos, expresó públicamente su decepción cuando empezó una gestión reformista que de inmediato solucionó los problemas diplomáticos con Ecuador y Venezuela y que revelaba su voluntad de buscar la paz negociada con las FARC.
El Gobierno de Santos, quien como ministro de Defensa de Uribe había asestado grandes golpes a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), inició en noviembre de 2012 un diálogo con la guerrilla en La Habana que ha sido objeto de críticas del exmandatario.
La obsesión de Uribe ha sido durante años acabar por la vía militar con una guerrilla que asesinó a su padre, razón que le ha llevado a oponerse a unas conversaciones que ya han llegado más lejos que ningún otro intento de paz con acuerdos sobre dos de seis temas de la agenda.
Si el Gobierno y las FARC logran poner fin a medio siglo de conflicto en el próximo cuatrienio, la presencia de Uribe en el llamado «Congreso de la paz», encargado de reglamentar la transformación histórica de Colombia, se perfila como un dique a los propósitos de Santos.
Nacido el 4 de julio de 1952 en Medellín (noroeste), Álvaro Uribe Vélez fue un estudiante brillante, se doctoró en Derecho y Ciencias Políticas en su ciudad natal y completó estudios de Administración y Gestión en la Universidad de Harvard y en Resolución de Conflictos en Oxford.
Disidente del Partido Liberal, fue alcalde de Medellín (1982-83), concejal (1984-1985), senador (1986-1994) y gobernador de Antioquia (1995-1997) antes de ganar sus primeras elecciones presidenciales en 2002.
Casado con Lina Moreno, una mujer discreta y que se ha dejado ver poco en actos públicos en sus ocho años como primera dama, Uribe tiene dos hijos, Tomás y Jerónimo, ambos empresarios y a quienes se les relaciona con negocios supuestamente irregulares de los que han obtenido grandes ganancias.
Uribe es un adalid de la política que trata de acercarse al votante en su idioma, que cabalga sin derramar una sola gota de café, que rifa caballos tres días antes de someterse a las urnas y que, por primera vez en esta campaña, recibió tomatazos del campesinado.