Miércoles, 21 de Junio de 2017
Trump destruye el legado de Obama


Por Verónica ORMACHEA

Ahora se trata de Cuba. Obama restableció relaciones entre La Habana y Washington el 2014, interrumpidas durante medio siglo, y dejó un legado histórico sin precedentes.
El nuevo presidente de EEUU ha derogado el Obamacare; se negó a firmar el Acuerdo de París contra el calentamiento global; y ahora socava los avances entre Cuba y la Casa Blanca logrados por su antecesor que no benefician a nadie.
Trump, con un aires de la Guerra Fría, anunció en Miami ante los cubanos expatriados y la prensa, acciones unilaterales que tomará Washington respecto a La Habana. Una promesa de campaña cuya aplicación será en próximos meses.
Lo hizo de la manera más burda y desatinada ya que existen canales diplomáticos. Nuevamente careció de las más elementales reglas de la diplomacia. Buscaba aplausos, que falta le hacen.
El gobierno de Castro rechazó la retórica hostil y apostó por el diálogo con respeto.
Donald Trump, en reclamo de la defensa de los derechos humanos, de no apoyar el monopolio económico de los militares y de promover la iniciativas privadas, anuncio medidas restrictivas que entorpecen la comercialización y las inversiones de EEUU en la isla.
Dijo que se limitaran los viajes personales de sus compatriotas a la isla, aunque no prohibió los vuelos ni los cruceros. Tampoco restituyó la política de los “pies secos, pies mojados” que permitía a los cubanos entrar ilegalmente a su país. Mantuvo las remesas y no cerró la embajada.
Trump también anunció que se aplicaran restricciones contra el turismo y el comercio.
En los cinco primeros meses de este año, 285.000 estadounidenses fueron a Cuba. El año pasado 4 millones de turistas la visitaron y dejaron sus divisas lo que significa un ingreso fundamental.
Las medidas también afectan al país del norte. El grupo Engage Cuba estima que restringir visitas de estadounidenses para viajar e invertir en la isla, significaría US 6.6 mil millones a la economía de EEUU y afectaría a 12.295 empleos en dicho país.
La Perla del Caribe, a apenas a 90 millas de la costa de EEUU, se convirtió en una suerte de mito para el mundo por la histórica revolución castrista, cuyo país, por el bloqueo de Estados Unidos, aún no se ha modernizado. Un ejemplo es que la gente se traslada en automóviles de los años 50, lo cual fascina a los visitantes.
Ocurre que el 60% de los negocios en Cuba están en manos del conglomerado militar cubano Grupo de Administración Empresarial (GAESA).
Este grupo, dirigido por el yerno de Raúl Castro, el General Luis A. Rodríguez, controla casi alrededor de 50 compañías. Este incluye hoteles (como la cadena Meliá), empresas de importación exportación, supermercados, gasolineras, compañías de alquiler de autos, y la nueva terminal de contenedores en el puerto de Mariel, entre otros.
Lo grave es que la mayoría de las actividades económicas está ligadas al gobierno que da fuentes de trabajo a sus ciudadanos. El prohibir su funcionamiento no sólo impide el ingreso de divisas sino que el pueblo cubano podría perder sus empleos.
Trump insiste en promover a los pequeños empresarios que son propietarios de un café o que confeccionan poleras, pero se ignora aún si podrán seguir con sus negocios.
En torno al Embargo de 55 años, Trump reiteró la oposición de EEUU a los esfuerzos de la ONU para levantarlo. Esto significa que el Congreso estadounidenses difícilmente lo levantará. Las posibilidades están más lejanas que antes de dictar las erróneas medidas.
El hecho es que todos llevan las de perder. Esperamos que de a poco se abran espacios para emprendedores independientes.